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A finales del siglo XIX, las bicicletas se convirtieron en un elemento popular que hizo que desplazarse fuese más fácil y dotó a quienes las usaban de cierta libertad. Entre esos primeros usuarios estaban, por supuesto, también las mujeres. Pero, en este último punto, como suele ser habitual a lo largo de la historia, aparecieron los problemas. La bicicleta empezó a ser un símbolo de liberación y una herramienta para ello, lo que llevó a que se creasen ciertas cuestiones ‘anti-bicicleta’. Por un lado, se comenzó a hablar de ‘enfermedades’ como la cara de bicicleta, por otro aparecieron manuales de estilo con códigos de conducta para ser una buena señorita, aunque se estuviese sobre dos ruedas y por otro se comenzó a sexualizar a la mujer ciclista.

Este último punto lo aborda Maite Zubiarrure en Culturas del erotismo en España (1898-1939), que Cátedra publicó en 2014 y que ha reeditado desde entonces. El ensayo de Zubiarrure es una lectura fascinante (una más para la lista de libros a leer sobre vida cotidiana y cultura popular) y una que desvela una España que se suele olvidar (e incluso dar por inexistente) en los libros de historia. El ensayo es muy amplio y aborda muchísimas más cosas, pero entre todas ellas está esta cuestión de la mujer ciclista. Las historietas, los relatos y hasta las imágenes (sean o no exactamente una de las muchas postales eróticas que se distribuían entonces) hacían de la mujer ciclista ese algo ‘cuestionable’ de la época. Como explica Zubiarrure, el patriarcado rápidamente se apoderó de la narrativa de la cuestión. Las mujeres ciclistas estaban un poco en la frontera entre las señoritas… y las frescas.

Y, como por supuesto nadie quiera ser una fresca en la sociedad de la Restauración, hubo quien escribió unas cuantas normas para que estas pobres muchachas supiesen cómo comportarse (y esperemos no tener que meter esto entre corchetes de ironía para que quede claro cómo lo estamos recuperando…).

mujeres ciclistas

Los manuales de sociedad eran en general muy populares en la época y no solo en España. Los libros de buenas maneras daban normas y recomendaciones para todo y sobre todas las cosas. No hay más que adentrarse en las hemerotecas y bibliotecas virtuales para verlo. De hecho, Impedimenta publicó hace unos años una traducción de un manual británico para damas ciclistas escrito por una de ellas.

Volviendo a lo que Zubiarrure recoge en su ensayo, en España también se podían encontrar consejos. En Madrid se publicó en 1895 el Prontuario del aprendiz y aficionado al velocípedo por dos compañeros del pedal con consejos para todos aquellos que querían adentrarse en el uso de la bicicleta. Entre ellos, y lo que la autora recoge en un extracto, había un decálogo para señoritas ciclistas.

¿Qué es lo que se debe hacer si una monta en bicicleta?

  1. No llevarás corsé, sino jubón o justillo
  2. No usarás ligas de goma, lleva sencillamente cintas
  3. Usa pantalones de tela bien holgados y encima falda corta
  4. Lleva toca o capota y no te olvides del velo y los guantes
  5. Guárdate como del fuego de la grosera vestidura del hombre
  6. Calza zapatos bajos que dejen libres tus pies
  7. Lleva contigo una falda arrollada al timón, te la pondrás cuando llegues al término del viaje
  8. De tal manera vestida pedalearás modesta y moderadamente
  9. Por término medio solo andarás 12 o 15 leguas* por día
  10. Por la noche acuéstate para reposar tranquilamente

Los consejos invitan ahora un tanto a la risa y resultan ligeramente ridículos. Montar en bicicleta armada con todas esas prendas de ropa parece más difícil que un triatlón.

Sin embargo, la cuestión va mucho más allá de lo risible que nos puede parecer ahora todo esto y dice mucho sobre la vida de las mujeres a finales del siglo XIX. De hecho, el texto tiene muchos niveles, como apunta Zubiarrure en el análisis que le acompaña. Es, como escribe la autora, “una mezcla de tratado médico, breviario moral y cuento verde”.

Fotos 1 y 2


*¿Cuánto es esto en kilómetros? Hemos hecho conversiones usando herramientas online y da cantidades abrumadoras (50 km y así…), que nos parecen excesivas. Si alguien conoce bien las leguas decimonómicas en España y puede dar una conversión solvente, por favor, que deje un comentario

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