Virginia Woolf

La asociación entre genio y locura está clara. No se sabe si fue antes el huevo o la gallina (¿tener un problema mental acostumbra a tu cerebro a ser más creativo, o ser más creativo acaba provocando en tu cerebro un problema mental?) pero la correlación es indudable: entre los artistas la ratio de trastornos psiquiátricos es mucho más alta que entre otras profesiones.

Hablamos de autores bipolares, depresivos, esquizofrénicos,  o con trastornos varios no identificados. Aunque hoy nos centraremos en los primeros, los escritores con trastorno bipolar. Se trata de una enfermedad a menudo frivolizada, que consiste en cambios bruscos de ánimo de forma patológica. Hoy veremos 10 autores que fueron diagnosticados como bipolares, o que hoy se cree que ese habría sido el diagnóstico correcto. En muchos casos, se suma (o es consecuencia) a otros problemas como abuso de determinadas sustancias, enfermedades físicas o infancias traumáticas.

1. Virginia Woolf

Se trata de uno de los casos más conocidos, especialmente por el llamativo final, cuando la autora inglesa se suicidó sumergiéndose en el río con un abrigo lleno de piedras en los bolsillos. Tras perder a su madre y a una hermana muy joven, sufrir abusos sexuales por parte de un hermanastro, o perder su casa durante la II Guerra Mundial, tampoco parece raro que sufriese largos períodos depresivos, en los que le resultaba imposible trabajar (o hacer cualquier otra cosa).

2. Edgar Allan Poe

Aunque durante toda su vida alternó episodios de entusiasmo con otros de desánimo, esto se vio agravado especialmente tras la muerte de su mujer, y todavía más en los últimos meses de vida, como se puede comprobar en sus cartas, en las que constantemente habla de su deseo de morir. La forma exacta de su muerte, sin embargo, sigue siendo un misterio, fue encontrado en la calle en estado de delirio, con unas ropas que no eran las suyas, y a pesar de ser llevado a un hospital, murió a las pocas horas.

3. Ernest Hemingway

Aunque está claro que Hemingway tenía problemas mentales, el diagnóstico no lo está tanto. Muchos hablan de trastorno bipolar, otros de traumatismo cerebral, unos pocos de narcisismo. También tuvo serios problemas de alcoholismo, que probablemente lo condujeron a un mayor deterioro mental. En diciembre de 1960, tras varios episodios alucinatorios,  fue internado en un centro psiquiátrico, donde se sometió a terapia de electroshock. Salió un par de meses después después, completamente abatido. En julio se suicidaría disparándose un tiro con su escopeta.

4. Mark Twain

Twain vivió toda su vida con síntomas leves de desorden bipolar – o eso se cree hoy en día-, pero no fue nunca diagnosticado. Tras la muerte de su mujer y dos de sus hijas en un corto periodo de tiempo entró en una severa depresión. En 1909 dijo: «Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: ‘Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables; vinieron juntos, juntos deben partir’. ¡Ah! Lo espero con impaciencia.» En 1910, un día antes de la llegada del cometa Halley, Twain murió de un ataque al corazón.

5. Sylvia Plath

Son famosos las largas etapas depresivas de Sylvia Plath, desde la muerte de su padre cuando ella tenía 9 años. Menos conocidas son sus fases de manía, cuando era capaz de escribir poemarios en tiempo récord y cuando ella afirmaba sobre si misma que tenía «un don». Se intentó suicidar varias veces antes de conseguirlo abriendo el gas y metiendo la cabeza en el horno, con sus hijos en la habitación de al lado.

6. Tenessee Williams

En el caso de Williams, como en el de mucho otros, la enfermedad tenía un claro componente genético. Su hermana pasó la mayor parte de su vida en hospitales mentales, y quedó totalmente incapacitada tras una lobotomía que salió mal. Fue un duro golpe para él, y se cree que pudo acelerar su caída en el alcoholismo y otras drogas, además de que uno de sus mayores temores era acabar como ella (loca). Tras la muerte de su principal compañero sentimental se agudizaron los episodios de depresión y aumentó su consumo de drogas, por lo que tuvo que ser hospitalizado y tratado en múltiples ocasiones.

7. Herman Hesse

Desde muy pequeño alternó períodos de gran entusiasmo y creatividad con otros de desánimo y desgana, lo que, junto con su rebeldía adolescente, le llevó a tener problemas con sus padres y en el colegio, y, posteriormente, a intentar suicidarse. Con solo 15 años fue ingresado por sus padres en una clínica mental, lo que aumentó su resentimiento y su tristeza. Otro de los momentos más duros de su enfermedad coincidió con la I Guerra Mundial, cuando Hesse se encontró en medio de disputas políticos, con su hijo enfermo, y su mujer en un brote de esquizofrenia, pero con ayuda psicoterapéutica logró superar esa crisis.

8. Anne Sexton

Su primer episodio maníaco tuvo lugar cuando contaba con 26 años, tras una depresión postparto. Después, las fases maníacas y depresivas se alternarían a lo largo de su vida, lo que la llevaría a cometer varios intentos de suicidio. Fue hospitalizada en diversas ocasiones y diagnosticada de trastorno bipolar, pero eso no evitaría que se suicidase a los 46 años, inhalando dióxido de carbono. Uno de sus terapeutas usó hipnosis y barbitúricos para, teóricamente, recuperar recuerdos reprimidos, lo que la llevó a enfrentarse con sus familiares al recordar abusos por parte de su madre (que esta negó).

9. Friedrich Nietzsche

La enfermedad de Nietzsche empeoró considerablemente durante los últimos años de su vida, cuando sufrió un colpaso mental que lo llevó a abrazar a un caballo y desvanecerse en plena calle. En los días siguientes escribió absurdas cartas a sus amigos, en las que mostraba signos de megalomanía y demencia. Fue instalado en una clínica mental, donde pasó un año, y donde se le diagnosticó de sífilis de la tercera fase, aunque hoy se cree que lo que tenía era trastorno bipolar.

10.  David Foster Wallace

Wallace tenía una trastorno bipolar con predominancia de las tendencias depresivas, que durante 20 años pudo controlar con la medicación. Cuando comenzó a sufrir grandes efectos secundarios, decidió dejar de tomar el principal antidepresivo. Entonces la depresión volvió, más grave que nunca, por lo que los médicos intentaron otras terapias, como el electroshock, que no funcionaron. Cuando volvió a su medicación anterior ya no le hacía efecto, y la depresión se fue agravando más y más hasta desembocar en suicidio.

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