Book Illustration Depicting Sherlock Holmes and Dr. Watson in a Train Cabin

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la RAE, define misantropía como la “aversión al género humano y al trato con otras personas” y para ser más específicos si cabe también podemos recurrir a la Wikipedia que se sirve de la etimología y nos informa que esta palabra está formada por otras dos: miso y anthropos, que juntas nos trasladan el inquietante mensaje de “yo odio al ser humano”.

Escritores como Emily Dickinson, Francisco de Quevedo, Jonathan Swift, Marcel Proust, Pío Baroja, H.P. Lovecraft o J.D. Salinger y personajes de ficción como Sherlock Holmes,  Mr. Edward Hyde y Hannibal Lecter tienen en común mucho más de lo que en un principio podría parecer. Los siete primeros son personas de carne y hueso que se dedicaban a la escribir como medio de vida y el resto son personajes ficticios cuyos “padres” de pluma les hicieron aborrecer al género humano. Pero, ¿por qué obraban así? Nada mejor que conocer sus citas más célebres para sacar nuestras propias conclusiones.

Respecto a los autores encontramos:

Francisco de Quevedo (1580-1645). Novelista, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, Quevedo demostró en sus obras la desilusión que le producía la vida y relacionarse con sus semejantes. La muerte, la melancolía y el paso del tiempo eran sus temas constantes en poesía, lo mismo que la sátira agresiva y feroz con sus rivales.

Creyendo lo peor, casi siempre se acierta

Jonathan Swift (1667-1745). Este escritor, poeta y ensayista de origen irlandés escribió varias obras muy conocidas, pero la que le dio el reconocimiento mundial fue Los viajes de Gulliver. Este libro es una crítica despiadada donde se retratan las miserias sociales del género humano a través de los cuatro viajes de un hombre de ciencia. En los dos tres viajes se encuentra con seres diminutos en Liliput y con gigantes en Brobdingnag, además de visitar una isla donde los más sabios han perdido la cordura y los gobernantes son unos déspotas. En el último viaje llega a un país donde los caballos se sirven de los humanos que son viciosos, crueles y sucios. El viaje le convence que no hay esperanza, lo mismo que opinaba Swift que fue declarado mentalmente incapacitado por su pesimismo y críticas.

Quien camine atento por las calles verá, sin duda, las caras más alegres en los carruajes enlutados

Emily Dickinson (1830-1886). La poetisa estadounidense no compartía con su familia las relaciones sociales que practicaban con sus familiares y amigos. Emily llegó a encerrarse en su habitación donde no dejaba entrar a nadie y se comunicaba con su familia y conocidos por medio de notas y cartas. Su hermana pequeña fue la que envió sus manuscritos después de su muerte porque la propia autora no tenía ningún interés en darse a conocer.

¿Cambiar? Cuando lo hagan las colinas.

Marcel Proust (1871-1922). Proust siempre fue un niño enfermizo y muy protegido que a la muerte de su madre escribió En busca del tiempo perdido, la novela que marcó un hito en la literatura del siglo XX. Pero su autor, el novelista, ensayista y crítico literario francés nacido en una familia acomodada no estaba contento con el mundo y se recluyó en su casa negándose a ver a nadie, hecho que agudizó su pesimismo y tendencia a la melancolía.

La felicidad es saludable para el cuerpo, pero es la pena la que desarrolla las fuerzas del espíritu.

Pío Baroja (1872-1956). Escritor de la Generación del 98 que estudió medicina y ejerció de médico rural por imperativo paterno. El autor de Las inquietudes de Shanti Andría aportó a la literatura la observación y valoración de la realidad de forma objetiva y rigurosa valiéndose de la psicología y de la consulta de abundante documentación para ello.

El hombre: un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo

H.P. Lovecraft (1890-1937) fue un autor estadounidense de novela de terror protagonizada por terroríficas y repugnantes criaturas llegadas del espacio para acabar con el género humano para siempre. El horror de Dunwichi y Las montañas de la locura son algunos de sus libros más conocidos.

Estoy tan bestialmente cansado de la humanidad y del mundo que nada me puede interesar a menos que contenga un par de asesinatos en cada página u ofertas de horrores innombrables e inexplicables más allá de los universos externos.

J.D. Salinger (1919-2010). Jerome David Salinger consiguió que El guardián entre el centeno se considerase un clásico de la literatura moderna estadounidense, pero era tan celoso de su vida privada que llegó a demandar a un escritor británico que pretendía publicar su biografía. Años antes de su muerte, Margaret, la hija del escritor publicó un libro donde dio a conocer intimidades del escritor que seguramente no le hicieron ninguna gracia. Este fragmento pertenece al libro:

No eres el primero a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te estimulará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú ahora. Felizmente algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si tienes algo que ofrecer. Se trata de un hermoso acuerdo de reciprocidad. No se trata de educación. Es historia. Es poesía.

Respecto a los personajes de ficción:

El Capitán Nemo (1869-1870).  Se dice que el protagonista de Veinte mil leguas de viaje submarino es el alter ego de Julio Verne, aunque cuesta de creer la poca fe en la humanidad del escritor y su deseo de aislarse. El libro cuenta la expedición de un grupo de científicos para desvelar el misterio de una criatura marina que vaga por los mares. Poco después descubres que en realidad se trata de un submarino llamado Nautilus a bordo del cual está el Capitán Nemo, un hombre con un pasado oscuro y dotado para la ciencia y el arte que no les deja marchar porque le han descubierto.

El mar no pertenece a los déspotas. En su superficie pueden todavía ejercer sus derechos inocuos,  batirse, devorarse, transportar a ella todos los horrores terrestres. Pero a treinta pies de profundidad, su poder cesa, su influencia se apaga, su potencia desaparece.

Mr. Edward Hyde (1876).  El extraño caso del doctor Jekill  y el señor Hyde, de Robert L. Stevenson, cuenta la investigación llevada a cabo por un abogado que no entiende la relación de su amigo, el doctor Henry Jekill, con el misántropo Edward Hyde. Hyde no es otro que la personalidad desdoblada de Jekill que se convierte en un asesino y que viene a demostrar que en una misma persona conviven el bien y el mal al mismo tiempo.

No critico la herejía de Caín -solía decir con agudeza-. Yo siempre dejo que el prójimo se destruya del modo que mejor le parezca.

Sherlock Holmes (1887). En uno de sus libros el doctor Watson cuenta que a Holmes no le hacía ninguna gracia que publicase sus aventuras en los periódicos londinenses y cuando en una ocasión le pidió que relatara un caso por lo extraño de su desenlace, Watson se apresuró a escribirlo antes de que Holmes cambiara de opinión. Una de las frases que representa la personalidad de Holmes en palabras de Watson es:

Su espíritu misántropo y burlón aborrecía todo lo que fueran aplausos populares.

Hannibal Lecter (1981). Este conocido doctor en psiquiatría y sociópata en extremo no tenía ningún inconveniente en matar y comerse a sus pacientes incluso antes de terminar de psicoanalizarlos. Se dio a conocer en El dragón rojo, de Thomas Harris, y en tres libros más como El silencio de los corderos, Hannibal y Hannibal: el origen del mal, que se adaptaron a la gran pantalla. Hannibal estuvo atado y amordazado en la celda de una prisión de máxima seguridad de donde fue capaz de escapar gracias a su gran inteligencia, frialdad y a la falta de piedad absoluta.

Tienes unos ojos que me atraen, y un cuerpo que me muestra a la muerte