Mary Poppins

Las adaptaciones literarias a la pequeña y gran pantalla gustan, y no solo a los grandes lectores. Prueba de ello son las novedades en cartelera que llegan a ganar el preciado Oscar. Aunque no es necesario advertir que no siempre las adaptaciones son fieles al libro original. La factoría Walt Disney no fue la única que maquilló los cuentos populares que lingüistas, como los hermanos Jacok y Wilhem Grimm, o profesores de la corte, como Charles Perrault, recopilaron. Otras obras literarias posteriores que se adaptaron a la pequeña o gran pantalla sufrieron muchas modificaciones  que a veces mejoran el libro. A continuación, 4 ejemplos de libros cuyas adaptaciones gustaron más que la obra original, aunque a veces a despecho del autor.

En primer lugar, El último mohicano, de James Fenimore Cooper se publicó en 1826 y fue llevada al cine en 1992. La historia se sitúa a mediados del siglo XVIII cuando tanto Francia como Gran Bretaña se disputaban el control de las colonias de Norteamérica en la llamada Guerra de los Siete Años. Los nativos pertenecían a dos tribus principales, los mohicanos y los hurones, enfrentadas a muerte. Cuando los hurones secuestran a las dos hijas del coronel británico Munro, los mohicanos los ayudan. A partir de aquí las diferencias. En la película Alice, la hija rubia, se precipita por un acantilado para huir de los hurones y su hermana Cora se queda con el mohicano de origen blanco Ojo de Halcón. El desenlace en el libro es más bien al contrario, Alice sobrevive y Cora, que en realidad es mulata, es la que muere. Parece ser que Fenimore pretendía demostrar los avances de la civilización frente a los salvajes y la supremacía de la raza blanca. Aunque en el libro el romanticismo tiene mucho más peso.

En segundo lugar tenemos la historia de Noah y Allie que protagonizan el Diario de Noah, de Nicholas Sparks. Las diferencias entre el libro original y la adaptación es mínima casi que se limita a cifras exclusivamente. En la película la pareja se conoce cuando Allie tiene 17 años y Noah 19, cuando en realidad tenían 15 y 17. Los escenarios, coches y vestuario del film están ambientados en los años 40, pero en el libro se conocen justo en verano de 1932. La madre de la chica se opone a la relación, en el libro es el padre, y por eso pasan siete años sin verse que en el libro son el doble, catorce.

Más datos numéricos, en su ausencia, Noah le escribe una carta al día durante un año, no bisiesto, por eso tenemos un total de 365 cartas en la película. Según el libro Noah le escribe una carta al mes durante dos años y medio que, si hacemos cuentas, son 30. Tanto el libro como la película coinciden en que los padres de Allie le escondieron las cartas y por eso en la película ella le pide explicaciones por no escribirle en todo ese tiempo, pero en el libro Noah le dice que le ha escrito sin que ella le pregunte. Otros cambios son que en el libro Allie se convierte en artista (amaba dibujar) y sufre de Alzheimer, y no de demencia senil como en la película.

En tercer lugar, las diferencias más notables entre el libro (publicado en 1934) y la película musical de Mary Poppins (estrenada en 1964) no son tanto entre libro y película sino en la actitud de la escritora. Pamela Travers montó en cólera y no le gustó nada en absoluto de la aplaudida versión cinematográfica de Disney que tanto gustó (yo me incluyo como fan devota) a público de todas las edades. La historia de la niñera mágica en la película es la de una mujer que entra en la vida de dos niños lo justo para inculcarles valores como la importancia de las pequeñas cosas, la virtud de la risa, el peligro de tomarse demasiado en serio las cosas o no tener en alta estima el dinero y su poder.

La niñera es una recreación de una tía paterna que, tras la muerte de su adorado padre (un banquero un tanto soñador y aficionado a la bebida y con poco apego a lo material), se hizo cargo de la educación de la escritora y de sus hermanos con mano firme y una rigidez que la autora quiso trasladar a su creación. Más que rendirle homenaje parece ser que quería demostrar lo estricto de su comportamiento, pero Disney consiguió que fuera inolvidable. En el libro la niñera solo pretende que la obedezcan a toda costa sin dar explicaciones ni responder a preguntas. Sin olvidar los castigos con los que consigue que se haga su voluntad.

La autora tardó más de 20 años en ceder los derechos del autor a la compañía Disney y cuando lo hizo fue simple y llanamente porque le hacía mucha falta el dinero. Lo que más desagradó a la autora fue la excesiva dulcificación de la niñera y los dibujos animados que en alguna escena interactúan con los personajes. Disney también eliminó sin contemplaciones capítulos enteros (como el de las compras navideñas) y añadió otros nuevos (como la visita de los niños al banco donde trabaja su padre y las repetidas ausencias de la madre de los niños) ella ni se inmutó. El final feliz del libro no es otro que un cambio de raíz, en el libro los niños quedan llorosos y su madre se lo toma a la tremenda porque la niñera se marcha prácticamente sin avisar.

La última adaptación es Las brujas del británico de origen noruego Roald Dahl. El libro se publicó en 1983 y poco tiempo después, en 1990, se adaptó al cine. El autor de Matilda, piloto de caza durante la Segunda Guerra Mundial y gran defensor de los libros y de la lectura, además de un gran escritor de cartas . La versión cinematográfica es bastante fiel al libro en todo momento. Tras la muerte de sus padres, un niño se va a vivir con su abuela que gusta de contarles historias de su niñez donde las brujas estaban presentes. Cuando de manera fortuita descubren que en el hotel en el que se alojan durante el verano hay una reunión de brujas, decide destruirlas, pero no puede evitar que lo conviertan en ratón. A partir de aquí el desenlace es totalmente distinto. En el libro la abuela encierra en una jaula al ratón y se consuelan mutuamente pensando que van a compartir juntos el poco tiempo que les queda, ella por vieja y él porque los ratoncitos viven mucho menos que cualquier humano. En la película todo es más optimista porque el niño, y el resto de niños que las brujas convertían en ratones, recuperan su naturaleza humana. Este final, todo hay que decirlo, indignó sobre manera a Roald Dahl que se distanciaba de convencionalismos como niños perfectos, pasivos y rodeados de comodidades y de una vida feliz donde los adultos, y sobre todo la familia, siempre estaban ahí para protegerles.

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