Las relaciones peligrosas

La marquesa de Merteuil tuvo un amante años atrás, el conde de Gercault, pero la relación no acabó muy bien, así que ahora que ha encontrado su oportunidad ha decidido dar todos los pasos para vengarse. La bella marquesa es amiga de la señora de Volanges, cuya hija Cécile acaba de salir del convento en el que ha sido educada para casarse con el conde. Pero Gercault tiene que ir a Córcega a arreglar unos asuntos, la boda no puede ser inmediata y a la marquesa se le abre una ventana de oportunidad. Así que escribe a su querido amigo, otrora amante, el vizconde de Valmont para proponerle una aventura: él se encargará de seducir a la joven Cécile antes de que se case con Gercault. El vizconde está encantado de entrar en el juego, por supuesto (siempre entra en los juegos de la marquesa), pero está muy ocupado con su propio plan de seducción, ya que está intentando hacer que caiga en sus redes una joven piadosa casada, la presidenta de Tourvel.

Ese es el punto de partida de la que está considerada como una de las novelas clave del siglo XVIII literario francés, Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos, y una de las novelas por excelencia del género epistolar. La historia que ya comienza con un enredo complejo continúa a lo largo de 175 cartas que intercambian los diferentes personajes de la trama y que todos sabemos (ya nos han alertado de ello antes de empezar a leer) que acabará como el rosario de la aurora.

Acaban de reeditarla en formato de esos que quieres tener por siempre en tu casa

El primer punto debe ser el que nos ha llevado a leerla: la novela acaba de ser reeditada por todo lo alto. Sexto Piso (una de esas editoriales independientes que están haciendo cosas muy interesantes) la acaba de lanzar en su colección de libros ilustrados, lo que supone que el clásico está en una edición de esas que se podrían llamar ‘de lujo’ y con unas ilustraciones muy cuidadas de Alejandra Acosta que son un punto más a favor de la lectura (algunas son las que veis a lo largo del texto y no os puedo comentar mi favorita porque os haría un tremendo spoiler).

las relaciones peligrosas sexto pisoLa edición llega además con una traducción muy cuidada. Se titula, por cierto, Las relaciones peligrosas, que no es el título más habitual que se le da en español a este clásico aunque sí el más acertado desde el punto de vista del significado y de lo que realmente dice el título francés. Le hemos preguntado a la editorial por qué han tomado esta decisión (al fin y al cabo, cuando hay un título tan consolidado como el que se ha estado utilizando da como un poco de miedo la idea de cambiarlo) y si no temían generar cierta confusión en el lector.

“Efectivamente, se corría el peligro de que el lector, acostumbrado de toda la vida al título Las amistades peligrosas (como ocurre, por otro lado, con La metamorfosis de Kafka, cuya traducción correcta sería La transformación -traducción que, desde hace ya algunos años, empieza a imponerse), pudiera desorientarse un poco, pero son varios los motivos por los que nos decidimos por Las relaciones peligrosas”, nos explicaba por email el traductor de la obra, David M. Copé. “El primero, es que es más fiel al original (que dice “liaisons”) y, más allá de lo formal, porque tampoco tiene demasiado sentido en el fondo; es decir, en el libro hay muchas relaciones: de poder, de deseo, de dominio, de interés, pero “amistad” más bien poca. Sería restrictivo llamar a todas esas relaciones, sociales y de alcoba, “amistades””, añade.

No te dejes arrastrar por lo que puedas creer que sabes sobre la literatura del pasado

unnamed (3)Siempre me da un poco de pereza leer libros anteriores al siglo XIX porque siento que su lectura va a ser excesivamente ardua (lo reconozco: nunca olvidaré lo duro que fue intentar leer El Quijote en la universidad…) o porque me va a costar mucho más empatizar con los personajes y sus historias. En realidad, y por mucho que me repito lo de que ‘yo leo de todo’, no son más que prejuicios. Las relaciones peligrosas se publicó por primera vez en 1782, es uno de esos libros que hay que leer en Francia durante la vida educativa y es una novela epistolar, pero no dejéis que eso os haga haceros una idea equivocada de lo que es.

Cuando se publicó fue un bombazo de ventas, uno de los bestsellers de su época, y también un escándalo mayúsculo (se consideraba un ataque a la aristocracia del momento). La narración no se anda con chiquitas y las cosas son las que son. Sus personajes son moralmente discutibles y hacen cosas que rompen con las reglas sociales del momento y lo sabemos. Digamos que en sus cartas llaman al pan pan y al vino vino. Cuando leí “me complací considerándolo un sultán en su serrallo y fui, una tras otra, todas sus favoritas”, decidí que las cosas que pensamos sobre lo que se escribía en el pasado no tienen nada que ver con la realidad.

El juego del manuscrito encontrado

Las novelas epistolares solían emplear el recurso de contar que eran algo real y encontrado y que se estaba compartiendo al mundo para que pudiesen ver qué les había ocurrido a sus protagonistas y aprender algo de paso. En algunos casos, como en el caso de las Cartas de amor de la monja portuguesa, las cartas se presentaban como algo real y el debate sigue todavía hoy sobre si son o no son cartas reales (la teoría dominante de los expertos literarios hoy en día es que no: fueron un golpe maestro de marketing editorial del siglo XVII).

Choderlos de Laclos juega perfectamente con la idea del manuscrito encontrado (en este caso unas cartas que le han pedido que comparta con el mundo) con un prefacio del redactor que nos presenta el texto pero con un aviso del editor que lo pone en duda (y que es un juego literario muy divertido). El texto está lleno de notas al pie que completan el texto, le dan el toque de veracidad de manuscrito encontrado y que siguen el juego literario.

¡Elige tu propia aventura!

El texto no tiene narrador ni tampoco voz dominante. Sí, los grandes protagonistas son Valmont y la marquesa, pero lo cierto es que la historia es narrada desde muchísimos ángulos y desde muchísimos puntos de vista y Laclos consigue que cada personaje sea fiel a sí mismo a la hora de escribir las cartas (es decir, Laclos consigue mantener toda la obra todos los puntos de vista y hacer que los personajes sean siempre como deben ser, lo que teniendo en cuenta la magnitud del texto que tenemos delante y la variedad de personajes que intervienen es una demostración de fuerza literaria de alto nivel). Esto permite que el lector saque sus propias conclusiones y sus propios juicios y hace que no haya un narrador que inyecte su ‘moralina’ en la historia. Y sí, se pueden odiar personajes. Las cartas permiten que cada quien decida por uno mismo (y sí, a mí Cécile de Volanges, la pobre inocente, me saturaba enormemente: para mí era material para el hate-reading).

¿No hay grandes sentencias morales?

Si quieres huir de los spoilers, no deberías leer esta parte.

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Laclos escribió la obra porque estaba bastante harto de los aristócratas ociosos y malvados (son un poco como la versión glamurosa de los populares de la clase) que se habían cruzado en su camino a lo largo de su vida. Él, miembro de una familia recién llegada a las altas esferas sociales, no encajaba en ese mundo y no lograba posicionarse (resulta curioso comparar esta parte de la historia con lo que le ocurría a Renée Pélagie, la esposa del marqués de Sade y que tuvo una existencia que podría ser una versión en la vida real de la vida de los protagonistas de la historia literaria de Laclos). Laclos veía ese entorno de forma crítica y la novela es una especie de foto de esa depravación y decadencia de la Francia aristocrática del XVIII (la Francia pre-revolucionaria). Pero a pesar de todo se puede ver cierto elemento un poco al margen de la lección ética en la historia (y ahora que una historia no tenga una lección nos parece normal, pero no tanto en el pasado).

Insisto, no sigas leyendo si no quieres spoilers.

Efectivamente, Valmont muere en un duelo y la presidenta de Tourvel, la piadosa mujer que fue su víctima, muere de pena tras darse cuenta de que ha sido burlada. Y Cécile de Volanges, la jovencita que fue un peón a jugar entre Valmont y la marquesa, no solo sufre un aborto y descubre con horror que ha sido completamente burlada sino que acaba refugiándose en un convento. Pero… ¿qué ocurre con la marquesa? La historia no es nada concluyente, ya que en realidad todo lo que se nos cuenta son rumores y más rumores. Sabemos con certeza que la sociedad le ha dado la espalda, pero no lo que pasa después de eso. Los interlocutores de las últimas cartas dicen que ha sido desfigurada por la viruela, que ha huido a Holanda y que ha perdido a sus criados, pero lo cierto es que no lo dicen con certeza. Son historias que circulan pero que nadie puede confirmar como absolutamente ciertas. Es tan igualmente posible a la historia de su ataque de viruela el que se esté pegando la gran vida en Holanda.

Y el final de todos estos personajes no es un castigo moral, es decir, no es tanto una lección de moralina sino más bien que los hechos acaban cayendo sobre ellos directamente, es una conclusión lógica de lo que han hecho y de las altas apuestas que han realizado.

A todo esto hay que sumar que los personajes son increíblemente complejos. ¿Por qué hacen lo que hacen? Puede que Laclos fuese crítico con los aristócratas banales que lo rodeaban, pero los aristócratas de su novela son muchísimo más complejos que simplemente frívolos.

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