Muchas veces los escritores se muestran muy cómodos e incluso osados a la hora de imaginar los más insólitos actos de sus personajes para ofrecernos historias que permanecen en nuestra memoria. No sucede lo mismo de forma tan frecuente a la hora de plasmar, aunque sea de forma ficticia, su propia vida. Conscientes de que cambia bastante hablar de uno mismo que fabular la vida de los demás, aunque a veces creemos encontrar pistas autobiográficas en sus escritos de ficción.

Pero en algunos casos no tenemos que recurrir a sus obras de ficción para encontrar pistas sobre su vida, sino más bien a los textos que dejaron los miembros de su círculo más cercano. Existen bastantes ejemplos de familiares de escritores que con poca o ninguna inclinación literaria se lanzan a hablar del escritor de la familia.

1. Susan Sontag. La nuera de esta escritora americana Susan Sontag publicó el libro de memorias Siempre Susan. Recuerdos de Susan Sontag tras los dos años de charlas y confidencias que compartieron ambas mujeres. Una joven recién graduada en la Universidad de Columbia y llamada Sigrid Nuñez fue recomendada por los editores de la escritora para ayudarle a ordenar toda la correspondencia que Susan recibió durante su tratamiento contra el cáncer. Poco tiempo después Sigrid se trasladó a la casa de Susan y tras conocer a su hijo David Rieff se casó con él. En el libro se mezclan acontecimientos personales –como la mala relación de Susan con su madre- con el terror que le producía la soledad y otros más entrañables como que el nombre de su hijo se lo inspiró el David de Miguel Ángel que admiraba. También hay espacio para el amor y la lucha terrible que mantuvo contra la enfermedad. Un libro que seguramente agradeció la escritora que también amaba los diarios íntimos  como forma de conocerse a uno mismo.

2. León Tolstói. En Sobre mi padre, la hija del emblemático escritor ruso, Tatiana Tolstói, escribió un diario donde recogió datos fundamentales sobre la vida y los últimos días de su padre a partir de escritos autobiográficos de su padre, de su madre Sofia y las cartas que sus padres intercambiaron durante largo tiempo. Todo este material se complementa con otros escritos biográficos de la propia Tatiana que sentía predilección por su padre.

3. León Tolstói de nuevo pero ahora visto por su esposa Sofia Tolstói con la que se casó cuando Sofia tenía dieciséis años y tuvieron trece hijos. Sofia fue la musa y la primera lectora de todas sus obras y también escribía a escondidas, pero sobre todo notas personales y diarios sobre sobre su marido. Gracias a estas notas se supo que era falsa la imagen negativa de Sofia que los discípulos de Tolstoi quisieron crear: Diarios 1862-1919. Llegaron a acusarla de ser la responsable de la muerte de su marido, pero en los manuscritos que encontraron demostraron que su mujer le dedicó toda su vida y además era la encargada de administrar sus propiedades. Amante del arte, Sofia realizaba traducciones, escribía, era fotógrafa y pintora aficionada.

4. Antoine de Saint-Exupéry. Consuelo Suncín-Sandoval conoció al aviador y autor de El Principito en Buenos Aires. Ella era oriunda de El Salvador y reciente viuda de un escritor que aceptó casarse con Saint-Exupéry en un paseo en avión que pilotaba el propio escritor. Memorias de la rosa fue el fruto de más de una década de relación que ambos mantuvieron salpicados de conflictos derivados de las infidelidades de parte del autor que reconoció que no supo amarla y también de los contactos de Consuelo con otros autores. Además de entablar amistad con Gabrielle d’Annunzio gracias a su primer marido, gracias a Saint-Exupéry conoció a Gide, Breton y Picasso, entre otros.

5. J. D. Salinger. El guardián entre el centeno catapultó al éxito a este autor que en realidad se mostró esquivo con la prensa, misántropo y que incluso su propia hija Margaret lo acusó de hábitos tan poco dignos como beberse su propia orina, en el libro que publicó sobre su padre. El libro se considera un ajuste de cuentas póstumo y que tituló como El guardián de los sueños y en uno de los fragmentos del libro dice:

Para mi padre, tener algún fallo es motivo de repulsión, tener un defecto es ser un desertor, un traidor, o una traidora. No me extraña en absoluto que su mundo esté tan vacío de personas reales ni que sus personajes de ficción se suiciden tan a menudo

6. Juan Ramón Jiménez. Su mujer se llamaba Zenobia Camprubí Aymar y gracias a los diarios que escribió se puede conocer más cosas de su trayectoria y de la vida del propio Juan Ramón Jiménez. Recientemente se han publicado los diarios que escribió en su juventud, poemas, relatos y artículos varios en una antología titulada Zenobia Camprubí. Diario de Juventud. Escritos. Traducciones. A Zenobia se la conoce como traductora de R. Tagore pero en realidad también era una escritora que dejó de escribir tras su matrimonio

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...