Hay algo fascinante en leer los consejos que se daban a los ciudadanos del pasado, incluso cuando las observaciones y recomendaciones nos parecen especialmente criticables (como es en todos esos casos donde se le dice a las mujeres lo mal que les irá la vida por leer novelas, como ocurría en estos cinco sucesos reales del pasado), bastante peligrosas (lo que ocurre cuando lees una dieta del siglo XIX…) o muy, pero que muy ridículas. Las recomendaciones y consejos aparecen en los medios de comunicación (los consejos en las revistas no es que sean una cosa completamente moderna…) y en los libros de urbanidad.

Los libros de urbanidad, esos textos en los que te dicen cómo comportarte y qué hacer en muchas situaciones y que ahora son una mina para quienes estudian la historia social (y para los escritores de novela histórica), era muy populares a finales del XIX y principios del siglo XX. Entre las muchas cosas que incluían sobre cómo comportarse en sociedad estaban, por supuesto, recomendaciones ligadas a libros y a la lectura.

Lo que sigue son unos cuantos consejos sobre libros y literatura publicados en manuales de urbanidad de las primeras décadas (con una excepción) del siglo XX en España:

No debemos pedir libros prestados para su lectura y si se nos piden, debemos excusarnos con cualquier pretexto para no dejarlos, pues constituye una falta de aseo que nos manoseen los libros y una falta a la economía y al decoro que nos los estropeen” (1928) El consejo perfecto para aquellos que siempre se preguntan si deberían prestar ese libro y sienten en el fondo de su corazón que la respuesta es que no.

“Evítese en lo posible leer durante largo tiempo con luz artificial” (1930)

“Es molesto ir leyendo por la calle al caminar” (1928) Mejor no hacerlo entonces. Y, en fin, cómodo no es, pero a veces, cuando te queda esto para llegar al final, parece imposible no hacerlo.

“No vayas leyendo por la calle dando sensación de intelectual o despistado” (1961) Esta es la versión ‘hater’ del postureo del consejo anterior

A una excursión campestre “no debes llevar libros de estudio y ni siquiera tebeos o novelitas gráficas de aventuras, pues fatigan innecesariamente la mente” (1961) ¡Con lo genial que es tirarse en la playa/campo y leer!

Leer después de comer, en la cama o por la noche es peligroso (un consejo recurrente de varios de esos libros de esos años)

“La joven que aprecia de veras la pureza de su alma jamás se propasa a leer novela alguna sin antes pedir consejo” (1942) Las chicas más chungas son las que leen novelas: ya nos lo habían dicho en algunos otros libros del pasado…

Novelas, la misma palabra lo dice no-verlas”. Se repite al parecer en los libros de urbanidad en esos años y, por supuesto, el consejo está destinado a las chicas.

(La fuente de estos consejos es Cien años de urbanidad, de Amando de Miguel)

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