Fue más o menos a principios del verano pasado cuando tuve la idea. No me acuerdo cuando fue exactamente ni qué estaba leyendo cuando se me encendió la bombilla de ‘¡ajá! Esto tengo que hacerlo’. Estoy segura de que fue leyendo algún libro sobre escritoras del XIX en España o alguno sobre la biografía de alguna de ellas. Mi decisión fue la de dedicar todo aquel verano a leer a literatas, mujeres que fueron escritoras en la España del XIX y que hemos olvidado – al menos los no expertos en literatura de la época – en las notas a pie de página.

En este plan de lectura habría nombres prohibidos: No iba a leer a Emilia Pardo Bazán y no iba a leer a Rosalía de Castro. Iba a leer a las demás, esas escritoras que en su momento fueron incluso muy importantes y muy populares (Gertrudis Gómez de Avellaneda fue la primera mujer en intentar en serio entrar en la RAE) pero que ahora tenemos más olvidadas (insisto, entre los lectores de a pie). La idea me pareció una de las mejores que había tenido en muchísimo tiempo y de hecho se lo comenté a una de mis amigas (porque si se lo cuentas a alguien tienes que comprometerte a hacerlo…) como el gran plan de mi verano.

Os preguntaréis por qué os estoy hablando de un plan de lectura que me propuse en el principio del verano de 2017 cuando ya estamos en la primavera de 2018. En realidad, y como con tantas cosas que pienso que voy a hacer (y a pesar de decírselo a alguien para olvidarme a hacerlo), al final no cumplí las expectativas. La culpa fue de Gertrudis Gómez de Avellaneda, que fue la primera escritora a la que leí y que me hizo entrar en un bucle de lecturas sobre ella y de ella.

El cómo llegué a Gertrudis Gómez de Avellaneda también os demostrará que, más allá de Pardo Bazán y un par más de autoras, encontrar las obras de estas escritoras no es tan sencillo. Me fui a una librería decidida a hacerme con Sab, la novela más importante de Gómez de Avellaneda (y que está en la colección de clásicos con portadas negras de Cátedra). No la encontré, ni allí ni en la otra librería en la que entré. Así que, como no quería esperar a que llegase el libro si lo compraba online, leí Dos mujeres, porque está ya en ebook de descarga gratuita no muy difícil de encontrar. La novela me sorprendió y durante las siguientes semanas leí más y más sobre Gómez de Avellaneda  entrando en un bucle de fascinación (y acabé comprando online Sab), pero el proceso me apartó de mi plan de lectura.

Luego volví a intentar retomar el plan de lectura y lo dejé y ahora lo he retomado nuevamente y espero haberlo hecho en serio.

Por qué todo esto

El objetivo de todo esto está en descubrir(me) a esas autoras que prácticamente nunca llegan a los libros de Literatura del instituto (dato: en mi libro de literatura del instituto aparecía el Duque de Rivas, pero no Gertrudis Gómez de Avellaneda). La idea es leer uno de sus libros y después leer algo biográfico sobre ellas para comprenderlas mejor y para comprender mejor su época y su existencia como escritoras en la España del XIX. Mi única norma es que el texto esté en prosa (a poder ser novela, pero con una extensión al texto periodístico).

¿Es este un plan de lectura de lo más académico y con fines serios de investigación? No, ciertamente no lo es, pero es simplemente un juego literario divertido para descubrir a escritoras olvidadas. Para obligarme a cumplirlo (esta vez sí) me comprometo a escribir sobre cada una de las escritoras que voy a leer. Y si con esto os doy ideas de lectura y queréis dedicarles el verano (y ser más eficientes que lo que mi yo de hace unos meses lo fue) también estará bien.

A quiénes voy a leer

Ahora toca desentrañar quiénes serán estas autoras. En mi lista de leídas están ya Gertrudis Gómez de Avellaneda y Cecilia Bohl de Faber (Fernán Caballero). Estas dos autoras son quienes están presentes – junto con Carolina Coronado – cuando ‘se amplía la lista’ de nombres y se habla de mujeres escritoras del XIX. También he leído ya – y por absoluta casualidad – a Rosario de Acuña.

En proceso de lectura está la Baronesa de Wilson, a quien tenía ganas de conocer desde que me encontré con ella en un ensayo en la que se la mencionaba un poco de pasada y se decía que se había creado una especie de identidad ‘cool’. La baronesa se creó su marca personal para vender más (¿o quizás todo era verdad?). Ahora nadie la recuerda, pero publicaba muchísimo en prensa.

A ellas se suman, en mi pila de libros por leer, Angela Grassi (que es salirme un poco de mi zona de confort…), Felicia (que lleva en mi pila de libros por leer desde mi adolescencia…) y Carolina Coronado (que es más recordada como poeta, cierto, pero también dejó obra en prosa difícil de encontrar y comprar, pero que logré conseguir).

Para que el plan de lectura tenga números redondos mi objetivo es llegar a diez autoras, con lo que me faltarían tres nombres más. Y, por supuesto, admito recomendaciones. Los comentarios están abiertos a ellas.

*Podéis seguir la evolución del plan aquí 

 

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