Supongo que podría continuar escribiendo si me casara…

Las dos profesiones no son forzosamente excluyentes.

Esta frase es la que pronuncia hacia el final de la novela la protagonista de Papaíto piernas largas, que Jean Webster publicó por primera vez en 1912. Se trata de una joven de diciesiete años llamada Judy (Jerusha Abbott) con una gran personalidad, entusiasta, apasionada de la lectura y que desea dedicarse a la escritura. Judy ha vivido y crecido en un orfanato pero, como ya ha superado la edad máxima de permanencia, se dedica a ayudar en las tareas diarias de lavar, peinar y vestir a los otros noventa y siete niños que, como ella,  se alojan allí.

Un día reciben la visita de uno de los protectores de la institución que insiste en permanecer en el anonimato y decide pagarle los estudios a Judy a cambio de que le cuente su evolución a través de una carta mensual que él nunca contestará. A través de esta información unilateral Judy nos muestra sus progresos en un mundo nuevo para ella: la universidad, el contacto con jóvenes de su edad, sus descubrimientos en materia de literatura, estudios y otras experiencias. Más adelante vemos cómo Judy escribe sus primeros relatos llegando a ganar dinero por ello, termina sus estudios y descubre quién es por fin su benefactor.

En una de las cartas, Judy lamenta desconocer algunos autores y no haber leído todavía una serie de libros que ella afirma que son indispensables en la educación básica de todo niño de habla inglesa de su época, el siglo XIX. Los libros que Judy está dispuesta a leer para completar su formación son:

  1. Cuentos de Mamá Oca (o Ganso), de Charles Perrault.
  2. David Copperfield, de Charles Dickens.
  3. Ivanhoe, de Walter Scott.
  4. Cenicienta. En la versión de los hermanos Grimm o la de Charles Perrault.
  5. Barba azul, de Charles Perrault.
  6. Robinson Crusoe, de Daniel Defoe.
  7. Jane Eyre, de Charlotte Brönte.
  8. Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll.

Además, Judy asegura no conocer a autores tan emblemáticos como el poeta Percy B. Shelley (marido de la autora de Frankenstein, Mary Shelley), el escritor Robert Louis Stevenson y ni siquiera a la escritora que escribía bajo el seudónimo masculino de George Elliot.

Por otra parte, llama la atención que esta joven decida invertir la poca paga que recibe con la compra secreta del libro Mujercitas, de Louise May Alcott por miedo a que la etiqueten de ‘rara’. Y no es para menos. Una de las editoriales que publicaron recientemente la historia de Judy etiqueta ambos libros como chick-lit o libros de género romántico donde la protagonista es siempre una mujer joven y luchadora que trata de abrirse camino por sus propios medios. Por eso la cita extraída del libro resulta un poco contradictoria en parte, pero hay que tener en cuenta que Judy considera el matrimonio una profesión y no una opción de vida.

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