Los caminos del duque de Sessa, uno de esos nobles aristócratas del Siglo de Oro, y de Lope de Vega, escritor de la época, se cruzaron en algún momento antes de 1604. Lope de Vega se convirtió en el secretario oficioso (que no oficial) del duque, responsable de su correspondencia, y servidor dependiente de su benevolencia. Al tiempo que empezaron su colaboración arrancó también una correspondencia privada, cuya primera carta conservada se remonta a ese 1604 y que no terminaría (a pesar de un enfriamiento final de la relación) hasta 1633.

Afortunadamente para los cotillas literarios (y para los expertos en literatura…), las cartas entre Lope de Vega y el duque no son meras conversaciones formales. No son el equivalente del Siglo de Oro a los asépticos mails que mandamos ahora a nuestros jefes, sino más bien mensajes muy personales y llenos de observaciones sobre la vida que rodea al escritor y sobre su propia vida diaria. Todo ello está aderezado, eso sí, con muchos mensajes ‘pelotilleros’ al duque, del que al final dependía su economía.

Las cartas que el duque envió a Lope de Vega no han llegado hasta nosotros, aunque sí lo han hecho las cartas que Lope de Vega enviaba al duque. No lo han hecho al completo, porque no solo la colección (que el duque fue atesorando a medida que las iba recibiendo) se acabó fragmentando cuando en los siglos posteriores fue vendida a coleccionistas privados, sino que además también fue censurada por los descendientes – más puritanos – del propio duque. Y es que entre las cuestiones privadas que se tocan en las cartas estaba también la vida amorosa y la vida sexual de sus protagonistas.

No lo censuraron todo, porque en las cartas que han sobrevivido todavía hay muchas alusiones a estos temas (claro que ahora muchas de las alusiones al amor y al sexo no acabaríamos de pillarlas del todo si no hubiese un par de notas a pie de página que nos indican qué debemos leer y cómo debemos hacerlo). Es interesante, para comprender cómo el modo en el que aplicar los criterios del momento al pasado puede afectar a cómo nos llegan las cosas, descubrir lo que ocurrió con una de las biografías de Lope de Vega, escrita en el XIX y que usaba información de las cartas. A pesar de haber ganado un premio no se llegó a publicar (y el propio jurado señalaba que habría que eliminar un capítulo por obsceno).

Las cartas de Lope de Vega, al menos las que se sabe que existen y que han llegado hasta el presente, acaban de ser publicadas en una edición de Antonio Carreño en Cátedra. La edición es en sí misma una pequeña obra de arte.  Y sí, aunque se da por hecho que cualquiera de esos libros negros de Cátedra con clásicos literarios vendrán con su edición seria y académica, el trabajo de Carreño no solo parece titánico sino que también da unos resultados – aunque no sea la palabra más seria para hacer un poco de crítica literaria – estupendos. Sus notas al pie de página enriquecen el texto, no solo explicando y añadiendo información sino también dando pistas de significados y lengua que hacen que al lector contemporáneo le sea posible comprender todo lo que Lope de Vega quiere decir. Las cartas están llenas de pseudónimos para sus protagonistas, pero también de términos que hoy no nos dicen mucho y que entonces transmitían información.

Leer las Cartas llevará su tiempo (mi recomendación tras la lectura es ir leyéndolas poco a poco y sin prisas: no solo se apreciarán mejor, sino que es mucho más fácil aceptar así el leer un castellano de otra época), pero merece la pena. La lectura permitirá descubrir mucho mejor a Lope de Vega y su vida privada.

Lope de Vega tenía no pocos problemas económicos

De entrada, hay que decir que Lope de Vega no era pobre de solemnidad. Fue algo que explicaban en la visita guiada en su casa museo en Madrid (muy recomendable). Como apuntaba entonces el guía, el escritor había logrado hacerse con la casa en la que vivía, que era bastante grande y cómoda para los estándares de la época. Pero aun así sus cartas están llenas de peticiones al duque, quejas por problemas económicos, comentarios sobre los problemas que generan las fluctuaciones de moneda y reclamos de mejoras, pagos y prebendas. ¿Era quizás Lope de Vega un mal administrador? Quién sabe… leyendo las cartas la sensación es que era un poco manirroto y que tenía no pocos problemas económicos.

Lope de Vega odiaba a Cervantes

Vale, como espectadora de El Ministerio del Tiempo ya sabía que Cervantes y Lope de Vega no se llevaban allá muy bien, pero esperaba que fuese un poco de licencia poética de los guionistas. No lo era. Cervantes y Lope de Vega no se llevaban bien en absoluto y en las cartas se pueden encontrar referencias poco elogiosas a la obra de Cervantes. “De poetas buen siglo es este. Muchos están en cierne para el año que viene pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote”, escribe en una de sus primeras cartas.

También odiaba a sus suegros

Cervantes no estaba solo en la lista de odios de Lope de Vega y, de hecho, que hable mal de otras personas y que haga comentarios malvados hace que el escritor parezca todavía más cercano. En su lista de odios estaban sus suegros. “Yo lo pasaré los peores de mi vida”, escribe en julio de 1610 hablando de una visita a sus suegros, “que también voy para allá, porque entre suegros no puede haber hombre con entendimiento que la pase buena”. Lope de Vega consideraba a sus suegros unos tacaños. El pobre se había casado pensando en la herencia que le quedaría a su esposa… pero ella murió antes que su padre.

Correos funcionaba fatal

Bueno, no exactamente Correos (porque el Correos que hoy conocemos aún no existía), pero el envío y la recepción de cartas parece un asunto complicado en el que es muy probable que todo salga mal. Las cartas de Lope de Vega (y asumo por lo que responde el escritor también las de su interlocutor) están llenas de mensajes y referencias a cartas enviadas y nunca recibidas.

Lope de Vega era el escritor fantasma de las cartas de amor del duque

Creo que esta es la cosa más fascinante que se puede descubrir gracias a las cartas. El duque de Sessa no solo usaba a Lope de Vega como una especie de secretario, sino también como una especie de escriba de asuntos amorosos. El escritor era quien escribía las cartas que el duque enviaba a sus amantes, que este luego se encargaba de copiar y mandar.

Esto le generó no pocos problemas con sus confesores, especialmente una vez que se ordenó sacerdote. En 1614, en una de las cartas, confiesa que su confesor se ha negado a darle la absolución por culpa de las cartas de amor del duque “con tanta cólera como si le hubiera dicho que fuera hereje”. Poco antes de esa carta, ya le habían prohibido sus confesores seguir con ese trabajo. “Me aseguraron que estaba en pecado mortal”, decía entonces.

El duque no entendía el principio de la privacidad

Pero además el duque también conservaba sus cartas, algo que también le dio problemas a Lope de Vega. “No los encuaderne vuestra excelencia que no son para tanta publicidad”, le decía sobre unas misivas que había intercambiado con Marta de Nevares. Porque el duque no solo quería leer y guardar su propia correspondencia con el escritor, sino también la que este mantenía con sus diferentes amantes. Marta de Nevares, su último gran amor, no parecía muy conforme con la idea, así que las cartas de los últimos años están llenas de historias de cómo Lope de Vega va a intentar recuperar esas cartas (y sobre todo cómo usará a su hija Marcela para ello) para que el duque pueda leer su correspondencia privada con Marta de Nevares.

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