libros

Una de las peores cosas que todos tenemos que sufrir en algún momento de la vida es hacer una mudanza. ¿Por qué?, nos preguntamos todos emocionados cuando aún no hemos vivido unas cuantas y pensamos, por tanto, que es una experiencia como otra cualquiera… incluso emocionante. Estás cambiando de lugar, es casi como una de esas cosas que pasan en las novelas de masas cuando la gente está a punto de empezar una nueva (y emocionante) vida y además seguramente vas a ganar algún metro cuadrado en el que meter las cosas que siempre tenías guardadas o amontonadas y quieres colocar mejor. ¿Por qué las mudanzas son entonces el horror? Lo son. Tienes que hacer cajas, luego tendrás que sacar todas las cosas de las cajas y, lo que es peor, tienes que mover toda tu colección de libros.

Y es que mudarse con los libros es una experiencia que parece prácticamente apocalíptica y que te hace jurar (rollo a Dios pongo por testigo, a lo Escarlata O’Hara) que nunca más te cambiarás de casa y que solo conseguirán hacerte salir de allí con amenazas. Porque sí, amas leer, pero tener que cambiar tu biblioteca personal de sitio es una experiencia dolorosa. Y si ya lo has hecho reconocerás las diferentes fases que atraviesas cuando tienes que enfrentarte a ello. Esto es todo lo que pasa cuando tienes que mudarte con tus libros.

Fase 1. Estás en los tiempos previos a la mudanza, esos momentos en los que sabes que te mudarás en breve y que por tanto en un momento no muy lejano del futuro tendrás que empezar a empaquetar todas tus cosas. Es la fase del no. No te vas a comprar ni un solo libro más. Evitas las librerías porque sabes que caerás y te autoimpones comprar únicamente libros electrónicos.

Fase 2. Te has dado cuenta de que esperar todas esas semanas sin comprar libros es demasiado extremo (y eres  demasiado débil). Entras en una librería y te autoconvences. ¿Qué importa un libro más que un libro menos? Y total, tampoco es Guerra y PazEs un tomito delgado que hasta podrías llevar tú en la mano a la hora de mudarte.

Fase 3. ¿En serio me he comprado cinco libros?

Fase 4. No puedes dejarlo pasar más y tienes que empezar ya a hacer cajas. Hacer cajas de mudanza es una de las cosas más aburridas del mundo, así que autoempujas a empezar diciéndote que cuanto antes empieces antes acabas.

Fase 5. ¿A quién quieres engañar? Ese argumento ni siquiera le funcionaba a tus padres cuando intentaban que hicieses el Vacaciones Santillana en verano… Y… sí, llevas un par de horas leyendo ese libro que estabas a punto de meter en la caja.

Fase 5 b. Esta fase es solo evitable cuando se ha alcanzado el nivel avanzado de mudanzas con libros. Tienes que mover esa caja que has llenado durante horas (obviemos que un par se fueron en leer) y descubres que ni Hulk podría con ella. Importante consejo para las mudanzas: equilibra el peso de la caja y nunca, nunca, llenes esa maravillosa e inmensa caja que te dieron en el super de la esquina con libros hasta los bordes.

Fase 6. ¡Oh! ¡¡Yo no sabía que tenía este libro!! Hacer una mudanza es el momento mágico en el que te reencuentras con libros olvidados y les quitas el plástico protector (con cierta vergüenza y comprobando que nadie se esté dando cuenta) a los que compraste para abandonarlos (es una enfermedad y tiene nombre: se llama tsundoku)

Fase 7. Ha llegado el gran día y agradeces eternamente el momento en el que decidiste contratar a profesionales para mover las cosas de un sitio a otro.

Fase 8. Estás en tu nuevo hogar, has jurado no mudarte jamás y empiezas a deshacer las cajas. La idea de tener que volver a colocar todos esos libros en las estanterías (otra vez) te da sudores fríos.

Fase 9. Has procrastinado (bastante) pero al final lo has conseguido y todos tus libros están perfectamente ordenados (por ahora). ¡Viva!

Fase 10. ¿Dónde está aquel libro? Lo peor de las mudanzas es que siempre, siempre, se pierde algo.

Foto Brittany Stevens

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