Una de las cosas que estamos haciendo mientras nos quedamos en casa durante el confinamiento contra el coronavirus es la de cocinar. Los bizcochos, los platos caseros y otros platos han sido recuperados en nuestro día a día. Cocinar es bastante relajante y además es algo que nos hace sentir en ocasiones mejor. Comer algo agradable hace más llevadero el paso del día.

Muchos están aprovechando estos días para buscar recetas y para probar nuevos platos, así que nos hemos preguntado ¿por qué no aprovechar estos días para crear algunas de las recetas que usaban y recomendaban los escritores? No podemos hacer sus platos favoritos porque no siempre sabemos qué es lo que más les gustaba y lo de hacer recetas de escritores, reconocemos, es complicado. Los recetarios fueron considerados un trabajo “menor” en el universo del libro durante mucho tiempo (podríamos hablar otro día de cómo los trabajos y los contenidos considerados femeninos fueron desdeñados a lo largo de los siglos), por lo que los escritores no solían escribir libros de cocina ni hablar de sus platos favoritos de forma general. Para muchos escritores hombres la cocina era además un terreno fuera de sus intereses: sus recetas favoritas eran en realidad las recetas de las mujeres de su familia o de las personas que trabajaban en su casa.

Existen, por supuesto, excepciones. Emilia Pardo Bazán, que rompió tantos estereotipos y clichés, también lo hizo en este terreno. Ella no consideraba los libros de cocina y los recetarios algo de menos importancia. De hecho, ella misma escribió un par de libros de cocina recopilando nuevas recetas de la cocina en España y recetas tradicionales. Uno de esos libros, su recopilación de recetas antiguas, está en la red y es accesible a quien quiera buscar un plato y recrearlo. Compartimos una receta de un dulce de las suyas, porque promete que es fácil y porque no hay nada mejor para levantar el ánimo que los pasteles.

Receta de Tarta Moka de Emilia Pardo Bazán

«De los platos más fáciles. En una fuente honda, media libra de manteca fresca. Se trabaja media hora, con cuatro cucharadas de azúcar blanco y de primera, una yema de huevo, y media jícara de café, cargadísimo. Luego se pone en un molde una capa de bizcocho, otra de la manteca, y así sucesivamente. La última de bizcocho. Se le coloca una tapadera más chica que el molde, con un peso encima, para prensar. Al otro día se desmoldea, y se baña toda la torta con manteca de la mezcla, que se habrá reservado. Se adorna con jeringuilla, dibujando por medio de la misma crema de manteca».

Otra escritora, más o menos contemporánea de Emilia Pardo Bazán, fue la periodista Colombine. Ella tampoco desdeñaba ningún género ni ningún tipo de contenido. Carmen de Burgos fue, sobre todo, periodista, pero también escribió libros de consejos para la vida y libros de cocina. En 1920 publicó un La cocina práctica, que se puede encontrar en la Biblioteca Digital Hispánica. Seguimos buscando dulces y compartimos unas galletas.

Galletas superiores de Colombine

«Tres cuartos de kilo de harina de flor, 400 gramos de azúcar, 200 de aceite frito y frío, una jícara de aguardiente y media de agua. Se pone la mitad de la harina y a fuerza de trabajo de le va uniendo la otra mitad, quedando la masa muy trabajada; se extiende a pedazos y se va cortando para llevarla al horno».

Como las recetas del pasado fáciles no parecen para las personas inútiles del presente (confieso que esta receta tan poco paso a paso me causa un poco de estrés), mejor nos vamos a los cócteles, que Colombine también tiene unos cuantos.

Cocktail invernal, por Colombine

«Una cucharadita de curaçao, cuatro gotas de angostura, media copa de coñac, media copa de whisky y dos gotas de ajenjo. Revuélvase bien y sírvase».

Otro escritor que no tenía reparos en producir de todo fue Alexandre Dumas, que publicó en 1873 un Grand Dictionnaire de Cuisine. Está, en francés, en acceso libro en la red. Nos hemos ido directamente a gâteau, pastel, y empezamos a traducir una de sus recetas hasta que nos dimos cuenta de que llevaba grasa de ternera. Nos pasamos a una receta de gofres.

Gofres de azúcar de Alexandre Dumas

“Sume ocho huevos, 250 gramos de azúcar, otro tanto de mantequilla fundida, dos medidas de nata; mézclelo bien todo junto batiéndolo, añade tres cuarterones de harina y remueva poco a poco con los huevos y el azúcar hasta que la pasta haya adquirido un poco de consistencia, pruébela para comprobar si es suficientemente fina, si no añada mantequilla y azúcar.

Estando la pasta en estado correcto, coja los hierros de hacer gofres que antes habrá calentado como es debido, los frota contra un poco de mantequilla fundida y echa la pasta dentro; una buena cucharada es suficiente para cada gofre».

Como no esperamos que tengáis hierros para hacer gofres (pero si alguien logra adaptar esta receta a los gofres del presente, nos gustará que nos contéis la experiencia) os compartimos esta receta de ensalada que Dumas creó en su propio honor. La receta es de un medio español de los años 20.

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Foto Pixabay

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