libros librería

Ya os hemos contado que montar una librería no es un trabajo fácil y maravilloso, que no consiste en simplemente leer libros en un lugar lleno de ellos (sí, nuestro sueño vital)  y que es, sin embargo, algo bastante complicado. Petra Hartlieb, que montó una librería de forma casi inesperada, lo cuenta en Mi maravillosa librería. En el libro también habla de cómo internet no pone la vida muy fácil a los libreros, ya que la gente ahora recurre a ella para comprar libros o llega a la librería pidiendo libros fuera de edición al grito de ‘pero si lo he visto en internet’. Hartlieb fue la protagonista, hace unos años, de una campaña para concienciar a los lectores de que fuesen a comprar a las pequeñas librerías de siempre en vez de hacerlo en Amazon (de forma casi inesperada: la entrevistaron en un reportaje y de ahí salió a la fama online), aunque antes ya había hecho marketing de guerrilla anti internet.

O, bueno, quizás podríamos decir que fue un poco acosadora con uno de sus vecinos…

Hartlieb lo cuenta en el libro. Su vecino, «creo que se llama Andreas», vive en el tercero del edificio en el que ella vive con su familia y en el que además tiene su librería, por la que, nos cuenta, no lo ha visto pasar nunca. Sin embargo, un día se cruza con algo en su buzón. El vecino ha recibido un paquete de Amazon. Así que Hartlieb decide esperarlo en el contenedor de papel para reciclar y hablar con él.

– ¿Por qué compras en Amazon viviendo encima de una librería?

– Pues no lo sé, pero me resulta práctico: siempre lo hago de noche.

– A nosotros también nos puedes encargar los libros que quieras.

– ¿Cualquiera?

– Cualquiera. Además, los libros cuestan lo mismo en todas partes.

– Eso sí lo sé.

– Así que lo sabes… Si no te apetece hablar con nadie, mete una hoja de papel por debajo de la puerta por las noches y yo te dejo luego el libro encima de tu felpudo. No tienes por qué hablar.

El vecino se acabó convirtiendo en su cliente y usando su nuevo sistema para comprarles libros. ¿Es un método que deberían usar todos los pequeños libreros? Sería cuestionable…

Lo que sí es cierto, sin embargo, es que hay otras técnicas de guerrilla que usaron en la librería Hartlieb que sí son copiables sin arriesgarse a una orden de alejamiento. En la librería empezaron a hacer un boletín mensual de recomendaciones que dejaban en los buzones de los vecinos, como la publicidad del super, pero más literaria.

Foto Aleksi Tappura/kaboompics

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