novelas feel good

Sara, la protagonista de La librería de los finales felices, trabaja en una librería en Suecia y no tiene muchos amigos (aunque ha vendido muchos, muchos libros). Empieza una amistad por correspondencia (de las de cartas y papel) con una lectora de un pequeño pueblo de Iowa en el que no pasa nada, uno de esos clásicos pueblos aburridos estadounidenses que todos conocemos gracias a las películas, que se convierte en una conversación sobre libros y un intercambio de los mismos. Cuando Sara se queda sin trabajo, su amiga estadounidense la invita a volar al otro lado del Atlántico para conocerla. Y así es como la sueca Sara aparece en el medio de la nada en Iowa, esperando que su amiga la recoja en el centro del pueblo vecino.

No la recoge. Porque (y lo sabremos muy pronto) acaba de morir. Pero no debemos dejarnos llevar por la tragedia, porque el libro, como promete su título, es uno de esos que tienen finales felices. De hecho, es uno de los que entra dentro de la categoría de narrativa feel-good. Así lo presentaba la editorial, Planeta, en su lanzamiento y así definen también en la solapa al segundo libro de su autora, la también sueca Katarina Bivald, en el que está trabajando.

No es una gran obra de la literatura, no es un libro que haga pensar mucho, pero en el que al fin y al cabo se nota cierto aliento optimista. Y eso es, en realidad, lo que persigue la historia. El género es, como recoge el dossier de prensa de La librería de los finales felices entrecomillando a Livres-Hebdo: “Un género que aborda valores y actitudes que echan por tierra el cinismo de nuestra sociedad actual. La solidaridad, la empatía, el amor y la amistad son puestos en un pedestal.”

La novela es una de las primeras puramente del género en llegar a España y en venderse ya y directaente con esta etiqueta, aunque desde Planeta nos comentan que en el pasado han publicado otros libros que podían entrar dentro del feel-good como Cien días de felicidad, de Fausto Brizzi, o Momentos de buena suerte, de Matthew Quick. Otras editoriales también tienen libros que podrían ser considerados en esta línea, como pueden ser todos los de las escritoras populares francesas de los últimos años (véase Anna Gavalda y su Juntos, nada más, como ejemplo o Agnès Martin-Lugand, que empezó en la autoedición y ahora es leída de forma internacional con La gente feliz lee y toma café).

En inglés no es difícil encontrar lista de feel-good novels, desde en GoodReads hasta en medios de todo tipo. Pero el fenómeno no es únicamente anglosajón: sigamos, pues, con el ejemplo de las escritoras francesas que triunfaron en los últimos años. Las autoras (y algún autor) se han convertido en el ejemplo más claro de exportación de literatura francesa y en su exponente más comercial (teniendo en cuenta que libro y francés suelen ir unidos en nuestras mentes a intelectual y cultureta supone un cambio interesante). Et puis, Paulette … , de Barbara Constantine, que no es uno de los ejemplos más conocidos fuera de Francia vendió 150.000 ejemplares en un solo año. La Liste de mes envies de Grégoire Delacourt (mucho más conocido) 300.000 en poco más de un año. El optimismo se convirtió así en un poderoso motor de ventas, ya que los lectores buscaban esas historias optimistas y felices.

Las novelas feel-good no son ni libros espirituales ni son libros que están llenos de máximas filosóficas llamadas a hacer que los lectores se rencuentren con ellos mismos. En realidad, son historias sencillas, en las que priman los buenos sentimientos y en las que la lectura busca dejar un poco positivo. Como en la novela romántica se sabe que los protagonistas siempre acabarán bien, en la feel-good se espera (y se debe cumplir para que pueda entrar en ese terreno) que los conflictos se resolverán y que todos serán felices, como las promesas que nos hacían los cuentos de hadas.

Y si en la librería que protagoniza La librería de los finales felices ponen un cartelito para indicar cuáles son los libros que tienen un final feliz asegurado, en este nuevo género de moda eso está garantizado.

Foto | Fragmento portada La librería de los finales felices

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