rapto del principe margarina mark twain

En 2011, un investigador especializado estaba buscando entre papeles diversos del archivo ligado al escritor Mark Twain. John Bird estaba trabajando sobre alimentación, buscando referencias a comida entre los textos del archivo para publicar un recetario ligado a Mark Twain. La palabra oleomargarine llamó su atención y decidió prestarle atención al texto, esperando encontrar algo útil para su libro de recetas. Lo que encontró no fue una receta ni nada realmente ligado al mundo de la comida, pero sí un pequeño tesoro literario. Había encontrado un cuento inédito de Twain (más o menos) y, sobre todo, uno con una historia especial.

La historia había nacido para las dos hijas menores de Mark Twain, Clara y Susy. Las dos niñas pedían a su padre que les contase historias cada noche antes de irse a dormir, pero lo hacían de un modo diferente. En lugar de pedirle a su padre que les leyese una historia o que les contase un cuento concreto, le hacían empezar una historia de cero.

Las niñas escogían el tema de una forma además bastante peliaguda: Clara cogía una revista, pasaba páginas, escogía una imagen y lanzaban el reto. Clara no era además nada buena con su padre y a veces le lanzaba retos complejos, como cuando escogió una ilustración de anatomía y no perdonó que le contasen una historia sobre ella.  “Debía sentarme en el sillón grande, acomodar a cada niña en un brazo del sillón e inventar un cuento nuevo para ellas”, dejó escrito Twain sobre uno de esos días en los que tenía que narrar una historia de cero.

rapto del principe margarinaY ahí es donde entra la palabra oleomargarine (al castellano la han traducido como margarina, aunque como se explica en la nota final de la edición de la historia no lo es exactamente, sino más bien un antecesor de la misma): de todas las historias que Mark Twain narró a sus hijas tomó notas de una de ellas, El rapto del príncipe Margarina. Las notas se habían quedado sepultadas en medio de todos los textos del archivo y habían sido olvidadas durante prácticamente siglo y medio. No se sabe si el escritor tomó esas notas con alguna intención, pero al menos nos han dejado una base para conocer esas pequeñas historias que solo eran para sus hijas.

El cuento sobre el príncipe (o mejor dicho sobre Johnny, un niño bastante pobre y lo que le ocurre cuando sale a vender a su pollo Hambruna y Pestilencia) no estaba terminado y no era una narración completa, aunque no por ello dejaba de ser un descubrimiento literario de esos que suelen colarse en los medios y que suelen despertar mucho interés entre los lectores. El estudioso que lo encontró lo comunicó a la Casa-Museo del escritor y esta, en conjunto con el archivo, vendió los derechos de la historia a una editorial estadounidense para publicarla y hacerla llegar al gran público.

Y aunque para los expertos la historia como tal ya era interesante, eso no es lo que suele funcionar con el público de literatura infantil. La editorial (el gigante Doubleday) contrató al escritor Philip Stead, que se encargó de perfilar la historia, y a la ilustradora Erin Stead, que ha creado unas (fantásticas) ilustraciones que la acompañan.

principe margarinaSegún publicaba la prensa estadounidense, Twain había dejado 16 páginas manuscritas de notas sobre la historia. Stead la desarrolló hasta 10.000 palabras (el primer borrador lo hizo en 9 días de intenso trabajo).

El resultado es muy bueno, ya que Stead juega además con esa dualidad y ha hecho que el resultado final es el de una historia que Twain le contó a él y que él nos cuenta a nosotros (y cuando no sabemos qué ocurre es porque el pobre de nuestro escritor contemporáneo estaba en las batuecas). La historia acaba de ser traducida al castellano y llegará a las librerías a finales del mes de septiembre (la editorial Océano la ha publicado en su sello Travesía). Y sí, puede que sea un libro de literatura infantil, pero es también un libro que cualquier adulto querrá autorregalarse. No solo la edición tiene mucho de libro ilustrado – joya sino que además la historia está narrada con un humor que funcionará aunque no se tengan 7 años.

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