Mira esta portada:

50-sombrasAhora esta:

reflejada en ti

Y ahora todas estas:

the stranger-MV

porqueeresmia

sorprendeme

el lado peligroso de jude

No son iguales, aunque hay algo en todas ellas que resulta familiar y que hace que algo en tu cerebro haga click. Las ves y ya sabes qué te vas a encontrar.  Es el efecto inmediato que 50 sombras de Grey ha tenido en cierto tipo de publicaciones. No solo han aparecido como setas las novelas eróticas, sino que además han aparecido usando los mismos códigos en sus portadas (si ya nos ponemos a buscar portadas similares a  50 sombras que simplemente juegan con su título e imagen para ofrecer cualquier otra cosa la lista sería mucho más amplia). Y por supuesto esto no debe sorprender a nadie. Era de esperar. En cuanto un libro tiene éxito, su portada (además de su género) vive un fulgor planetario.

Antes pasó con la saga Crepúsculo, cuando las novelas protagonizadas por vampiros/hombres lobo/muchachas pálidas empezaron a ocupar los estantes de las librerías en masa. Además de marcar tendencia con su contenido, la saga de Stephanie Meyer también lo hizo con sus portadas. El juego de rojo y negro que usaban los títulos de la saga empezó a verse en muchos otros libros y hasta clásicos como Cumbres borrascosas llegaron a ser reeditados con portadas crepusculinas.

Y antes pasó con muchos otros títulos. El mundo de las portadas de libros está lleno de tópicos y modas, en los que se explotan lo que ya hemos aprendido. La niebla es misteriosa, las mujeres con vestidos blancos melancólicas y las flappers osadas. Uno de los mejores repasos a todos los tópicos recurrentes en las portadas de los libros que se dan en la actualidad lo publicó, con su habitual sentido del humor, el portal Buzzfeed. Sus clichés están extraídos del mundo editorial anglosajón, aunque dado la globalización de prácticamente todos los productos es fácil encontrar equivalencias en la edición en otros idiomas.

Según Buzzfeed, y condensando, estos podrían ser algunos de los tópicos habituales en las portadas de los libros:

– Un hombre silueteado (que transmite sensación de miedo). Clásico de las novelas policíacas. Ya sabemos que esa silueta es, como el mayordomo, el asesino. Otra variante de hombre en novelas de misterio es uno que camina en la lejanía. Y siguiendo con la lejanía están las carreteras que se pierden en el horizonte.

Mujer retro que sostiene una jaula. Muy habitual en las novelas anglosajonas de época y tristonas, aunque no tan recurrente aquí.

Hombre que camina al lado de una valla (misterio), al que que a veces se añade niebla (ahora es de época)

Mujer con vestido clave. Si es blanco y de aires retro, es un libro con pretensiones literarias y que quiere llegar al público femenino. Si es largo y negro, escotado por la espalda, una historia sobre socialites de los años 20 – 30.

Diferentes variantes con «tíos». Si lleva una espada, es una historia de fantasía épica. Si lleva capucha, es alguna historia de magos/monjes y magia. Si lleva ambas, sigue siendo fantasía pero con un «toque ninja».

Mujer que mira al agua. Historia de amor y tristeza. Ya sabes que los protagonistas van a sufrir mucho.

Mujer llevando una maleta. Buzzfeed aplica aquí una categoría muy popular en los medios estadounidenses, «literatura de aeropuerto». En este caso, con el plus de nueva vida.

Piernas de mujer. Chick lit. La chick lit también tiene libros que son rosas y brillantes.

Los que se llevan dejar por la resaca. Buzzfeed diferencia hasta tres clichés literarios que siguen este tipo de influencia. Están los rojos y negro a lo Crepúsculo y también las portadas con tonos negro – grisaceos y zapatos de tacón o con joyas que son post – 50 sombras de Grey.

gone-girlEstos son algunos de los habituales, aunque no los únicos. Un blog respondía a la lista de Buzzfeed sumando  a la misma mujer melancólica que había protagonizado las portadas de diferentes novelas (clave: son históricas y quieren parecer elegantes) o la tendencia emergente de combinaciones de negro y colores neón para novelas de misterio, siguiendo la senda de Gone Girl de Gillian Flynn.

A la lista también se podrían sumar las novelas landscape, que comparten todas el mismo patrón (o patrones) de portada: Dibujo en vez de foto, primer plano de mujer con vestido de época vuelta de espaldas y recortada contra un paisaje espectacular alterna con paisaje exótico con toques brumosos en las mesas de novedades.

Y por supuesto no se deben olvidar los libros que usan un cuadro prerrafaelita (que vale tanto para un roto como para un descosido) como los que sitúan como reclamo alguna obra de Edward Hopper (y son muchos y también muy variopintos).

¿Por qué usan las portadas clichés?

Y ante esta repetición en masa la pregunta está clara: ¿por qué usan las portadas siempre las mismas imágenes recurrentes? Posiblemente porque, primero, funcionan, porque, segundo, hacen mucho más sencillo reconocer qué es lo que nos vamos a encontrar y porque, tercero, siguen la pauta de lo que muchos ya han usado antes.

Es lo que ocurre, por ejemplo, con las mujeres vueltas de espaldas al espectador, a las que The New York Times dedicaba este verano un análisis. Como señala su análisis, las mujeres de espaldas son un recurrente en la historia del arte y permiten sugerir al espectador (en resumen, pueden sugerir cierto erotismo sin que se vea nada específico como hizo el arte durante siglos). A lo de sugerir se suma el hecho de que una imagen de espaldas no lo da todo hecho, por lo que los lectores pueden imaginar al personaje como quieran, y también elimina el conflicto de si la imagen de la cubierta es fiel a lo que dice el escritor (y evita peleas entre fans y editores al estilo de fans y productores de 50 sombras).

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