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Muchas son las campañas de concienciación en torno a la lectura que se han realizado en los últimos tiempos y muchas las que apuestan por diferentes cuestiones y elementos. Esta, lanzada por la editorial argentina de libros para niños Pequeño Editor, tiene además un curioso giro: han querido hacer notar a los niños que los libros son de papel y no vienen exactamente de ese lugar mágico llamado internet. Detrás de un libro hay un árbol. Y qué mejor para demostrarlo que hacer que el libro se convierta directamente – y nuevamente – en árbol.

La campaña (se llama ‘un libro que se planta’, así que ya dice mucho) ha partido de una reedición de Mi papá estuvo en la selva, un libro para niños de Anne Decis y Gusti que habían publicado ya hace unos años. Esta edición era especial, ya que todos los componentes estaban cuidados y seleccionados para poder ser biodegradables y así reintegrarse en la naturaleza. Y, en la parte interior de la cubierta, el libro llevaba unas cuantas semillas. De este modo, una vez que se acababa la lectura, solo había que plantarlo en la tierra y ver cómo se convertía en un árbol.

El libro que se planta fue distribuido a unos cuantos afortunados y además fue plantado en una pecera en una librería para que todo el mundo pudiese seguir el proceso de transformación del libro en un árbol.

Por supuesto, la historia es carne de viral (y de amor literario), lo suficiente como para que ya esté dando la vuelta al mundo.

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