La primera vez que leí sobre la historia de Hildegart fue cuando era adolescente, en uno de los libros de una colección de la (difunta) editorial Ediciós do Castro que se centraba en la recuperación de la memoria histórica de los años de la Guerra Civil y la postguerra. El tomo era muy fino y recuerdo que a mi yo adolescente le dejó con ganas de saber más. Era A mí no me doblega nadie de Rosa Cal, que resumía el nacimiento, crecimiento y muerte de Hildegart. Hace unos años compré en Culturgal, la feria de la cultura gallega que cada año se celebra en Pontevedra, Entrada ao xardín do saber de Henrique Dacosta, una nueva aproximación a la historia, pero se camufló en un estante entre los libros no leídos y sigue, con cierta sensación de culpabilidad por mi parte, entre los libros por leer. 

La historia de Hildegart está a medio camino entre la de esas cosas sorprendentes y un tanto fascinantes que pasaban en la España de hace un siglo (la aparición de una niña prodigio, educada para ser un prototipo de la nueva mujer moderna) y entre las noticias de sucesos (su historia acabó trágicamente en 1933, cuando su madre la mató con un par de tiros). Tiene además muchas lecturas y muchos puntos de acercamiento, desde el feminismo, la educación, la crónica negra o la salud mental. 

El principio de la historia está en 1914. Aurora Domínguez se había quedado huérfana unos meses atrás. Su padre había muerto y, con su muerte, Domínguez había podido tomar por completo el control de su vida (especialmente, en lo financiero). Llegado ese momento decidió realizar un proyecto que tenía en mente: el de tener un “hijo modelo”. 

Como explica en su ensayo Cal, Domínguez ya había intentado convertir a uno de sus sobrinos en un niño modelo y había conseguido que fuese, en un primer momento, un virtuoso de la música. La historia, sin embargo, no acabó bien. Sobre este hijo modelo, tendría todo el control (el padre iba a ser un sacerdote, para que así no pudiese reclamar derechos de ningún modo) y podría educarlo como quería. Ese hijo modelo fue Hildegart, nacida en diciembre de ese año en Madrid, a donde Aurora Domínguez había llegado desde Ferrol. 

En los años siguientes, Hildegart fue criada por su madre siguiendo un modelo diseñado por ella – casi un principio de educación utópico – para que fuese culta y educada. A los cuatro años era ya mecanógrafa titulada, por ejemplo. Hablaba varios idiomas desde muy pequeña y logró empezar la universidad a los 13 años. A los 18 ya era abogada. 

Hildegart – conocida en general simplemente con su nombre de pila – se convirtió en una persona muy popular en los últimos años 20 y en los primeros años 30. Colaboraba con muchos medios y era una conocida escritora, que publicaba ensayos de forma recurrente en las diferentes colecciones populares de las editoriales de su momento. La joven Hildegart escribía sobre cuestiones políticas, sobre feminismo y sobre educación sexual, uno de los temas en los que era vista como una de las fuentes clave de su momento. Una búsqueda rápida en las hemerotecas permite encontrarla de forma habitual en las noticias, en listados de libros publicados o en reseñas de sus conferencias. 

El prometedor futuro de Hildegart terminó en junio de 1933, cuando fue asesinada por su propia madre en su casa madrileña y cuando pasó de ser una oradora política y una conocida escritora a uno de los nombres de la crónica negra. 

Su asesinato fue uno de los casos “sensacionales” de los años 30, material para titulares y reportajes en prensa. Su madre fue declarada culpable y pasó el resto de su vida en un psiquiátrico, donde cayó en el olvido. ¿Qué llevó a la madre a matar a la hija? Las teorías de los medios fueron muchas, desde que Hildegart quería ser independiente de una vez por todas y dejar el nido materno a que la madre no soportaba que su “obra” tuviese entidad propia (a lo que hay que sumar que Aurora Rodríguez sufría de paranoia). 

La memoria de Hildegart ha quedado ya vinculada por siempre a su final y su trayectoria de escritora eclipsada por su trágica muerte. Durante décadas, incluso esa parte de su historia se quedó un tanto sumida en las sombras. Los libros han intentado recuperar en los últimos años a Hildegart y su trágica muerte y este febrero, de hecho, se ha producido un momento de cúmulo de novedades que abordan su historia. 

Hoja de Lata es la primera de las editoriales que lo ha hecho, con Los motivos de Aurora, una traducción al castellano del true crime publicado a finales de los 80 en alemán por Erich Hackl. El libro apareció ya en enero y según han comentado en Twitter ya ha agotado la primera edición. 

Tusquets se suma hoy con La madre de Frankenstein, la última entrega dentro de la serie de sus Episodios de una guerra interminable de Almudena Grandes. La novela de Grandes arranca en los años 50, dos décadas después de la muerte de Hildegart, en el entonces conocido como manicomio de mujeres de Ciempozuelos, donde cumplía su pena Aurora Rodríguez Carballeira, la madre. 

Dos historias literarias para recuperar una historia de la España de hace casi 100 años. 

 

Portada periódico vía Hemeroteca Digigal. Foto Wikipedia

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