el bosco

Una de las razones por las que solemos acabar oyendo hablar más de lo habitual de ciertos personajes está en los grandes aniversarios. Cuando se cumplen ciertos años relevantes relacionados con algún personaje importante, se desata la fiebre de lo relacionado. Muchas veces es un poco el todo vale. Otras veces la fiebre derivada del aniversario de turno ayuda a recuperar obras, a dar a conocer cuestiones poco conocidas o a publicar libros relacionados bastante relevantes.

Este año es un año de bastantes aniversarios relacionados con diferentes creadores y uno de los que están en la lista de artistas-con-algo-relevante este año es El Bosco. En 2016 se cumplen 500 años de la muerte del pintor, por lo que hay una exposición especial en el Museo del Prado (hasta mediados de septiembre), el pintor está consiguiendo una cobertura extra en los medios de comunicación y se están lanzando cosas relacionadas con la obra y la vida de El Bosco. Y en medio de esas novedades del año El Bosco ha salido un cómic biográfico que recoge la trayectoria del pintor.

Poco es lo que se sabe de El Bosco y de su biografía, un elemento más o menos en las sombras que los expertos tienen que desentrañar. El Bosco vivió toda su vida en Bolduque, entonces una ciudad importante del ducado de Brabante. El pintor, miembro de una familia de pintores, vivió allí y murió allí, donde produjo su obra en su taller. Esos son los años que recoge El Bosco, de Marcel Ruijters, el cómic-biografía que acaba de publicar en castellano Rey Naranjo. El libro va dando pinceladas sobre la vida del pintor y sobre el contexto en el que se movía (posiblemente lo más interesante, ya que la vida en la época no solo era muy diferente, sino que también afectaba mucho más a lo que las personas hacían o conseguían).

Ruijters juega con los escasos datos y organiza la historia en base a capítulos en los que se capturan diferentes momentos concretos de la vida del artista. La historia comienza in media res, con un El Bosco ya casado y ya autor, aunque un flashback permite recuperar el momento más importante de la infancia del pintor (un incendio destruyó prácticamente toda la ciudad). Además, a falta de historias concretas sobre la vida del autor, Ruijters usa los cuadros de El Bosco como herramienta para contar la historia y como motor de la misma. Las propias pinturas y los propios personajes que pintaba el pintor tienen un eco en las imágenes que Ruijters emplea.

Al final de la obra, un breve anexo explica y contextualiza algunos de los datos históricos, algo bastante valioso y que ayuda a comprender mejor la lectura.