Antes de la pandemia, ya era habitual cruzarse con artículos con recomendaciones y análisis sobre la importancia que los árboles y la naturaleza tienen en nuestra vida cotidiana. Recuerdo especialmente uno que te recomendaba tener un paisaje enmarcado en el lugar donde trabajabas y mirarlo cada cierto tiempo para descansar la vista y la mente. Durante el confinamiento, la sensación de echar de menos los árboles se volvió acuciante para muchos.

La nueva normalidad y los primeros paseos confirmaron para otros el horror ante aquellas ciudades construidas sin planificar bien las zonas verdes. Recuerdo la envidia que me daban las fotos que me pasaban por WhatsApp mi hermana y mi madre (que viven en una ciudad con muchas zonas verdes) en sus paseos en la época en la que solo nos podíamos mover a una distancia controlada. En la ciudad en la que vivo, las zonas verdes son muy escasas.

En todo ello pensaba con Ocultos en el bosque, uno de los últimos libros que ha publicado Kalandraka, en las manos. Ocultos en el bosque no es un libro nuevo exactamente y no tiene nada que ver con esa escasez de árboles y zonas verdes a la que estamos condenados los habitantes de algunas ciudades, pero su exuberancia verde me acabó llevando en esa dirección.

Ocultos en el bosque es un fascinante libro ilustrado, obra de Mitsumasa Anno y publicado originalmente en Japón en 1977. En su país en una de esas obras de culto, un clásico del libro ilustrado (como cuentan en la presentación de la editorial, Anno tiene hasta un museo propio en su pueblo natal). Este Ocultos en el bosque permanecía hasta ahora inédito en España.

El libro no tiene edad y tampoco tiene texto, pero logra atraparte mucho tiempo. A primera vista, las ilustraciones son una muestra de naturaleza llena de vida (quizás por eso mi cerebro conectó rápidamente el libro con la ausencia de verde de la que hablaba al principio). Vemos senderos, frondosas copas de árboles, vistas de paisajes que te hacen sentir en lo alto de un mirador… Sé que es simplista y no dice mucho de mí como crítica, pero dejadme usar una afirmación. Es bonito (y como prometía ese artículo sobre el paisaje enmarcado en el lugar de trabajo, me llena de una cierta paz).

Sin embargo, todas esas emociones que generan las ilustraciones y todo ese gusto pasando las páginas no son exactamente lo que es el libro.  Es un extra que te llevas. Porque Ocultos en el bosque es, en realidad, un juego de agudeza visual.

En esas copas de los árboles y en esos senderos por el bosque se ocultan tigres, palomas, lobos, elefantes o cocodrilos. También se esconde una bruja. Las acuarelas son, en realidad, un juego visual, en el que el espectador tendrá que encontrar los elementos ocultos entre lo que se ve. Y, cuando te das cuenta, llevas mucho tiempo mirando con atención al bosque.

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