quai d'orsay

Una de las películas que ha llegado a los cines en España esta primavera es Crónicas diplómaticas. Quai d’Orsay, la última película de Bernard Tavernier y una posiblemente de las películas más divertidas que han llegado desde Francia en los últimos años. Pero la película no ha salido de la nada: es la adaptación de una serie de cómics que también habían llegado a España.

Quai d’Orsay. Chroniques diplomatiques , que en España ha sido editado por Norma como Quai d’Orsay, tiene detrás a  Christophe Blain y Abel Lanzac. Lanzac fue, durante mucho tiempo, un personaje misterioso, del que únicamente se sabía que trabajaba en el cuerpo diplomático francés y que había sido uno de los consejeros de Dominique de Villepin (el ministro de Exteriores francés de 2002 a 2004 y en quien se inspira la obra). No fue hasta 2013 cuando decidió hacer pública su identidad real, desvelando que se trataba de Antonin Baudry, el agregado cultural de la embajada francesa en Nueva York.

La historia se inspira en Dominique de Villepin y se puede leer con una sátira tanto del mundo de la alta política como de su entorno laboral (aunque Lanzac señala en varias entrevistas que es un homenaje al trabajo sin descanso del cuerpo diplomático y también ha apuntado que Villepin lo ha leído y se ha reído). Alexandre Taillard de Vorms es el ministro de Exteriores francés, un hombre obsesionado con Heráclito (hasta el punto que quiere usar sus citas en una entrevista sobre la crisis de la anchoa con España) y con los subrayadores amarillos. Como explica a su secretaria, un libro se sabe que es bueno porque está muy subrayado. Por su parte, Arthur Vlaminck es un joven recién licenciado, inocente y con un mal fondo de armario, que es fichado por el ministro para su equipo como consejero especialista en lenguajes. Es decir, será el negro que le escribirá los discursos.

El cómic es muy divertido, se lea como se lea. Tanto como sátira del mundo de la alta diplomacia (que es tratado de una forma realista y sin grandes florituras) como bildungsroman de joven licenciado enfrentándose al mundo laboral, Quai d’Orsay se hace leer sin abandonar para más tarde sus páginas.

Foto Golem

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