todos mis amigos están muertos

Vale. Hay que tener un sentido del humor especial para reírte hasta llorar con este libro. Por ejemplo, al hombre que iba sentado a mi lado en el metro el día en el que lo compré (y que me miraba por encima del hombro) no parecía hacerle mucha gracia que me estuviese tronchando con algo titulado Todos mis amigos están muertos. Pero como bien sabéis es necesario hacer humor con todo, hasta con la muerte. Es bastante sano. Y en este pequeño y delicioso libro Jory John y Avery Monsen se ríen de la muerte y de los tiempos de caducidad.

Todos los protagonistas de las pequeñas escenas que capturan son elementos pasados de moda, caducos, que lamentan que todos sus amigos estén muertos en imágenes de toque naif. Es difícil explicarlo sin quitarle la gracia. Tenemos un dinosaurio de mirada triste, un pobre árbol para quien la vida no mejora cuando se convierte en mesa de salita, una oveja pretenciosa y un Yeti que asume que todos sus amigos… son de mentira. Todo juega con dobles sentidos (y hay momentos de fondo deprimente, como el pobre hombre con miles de amigos en Facebook que no son tal).

Por supuesto, el libro fue un éxito en Estados Unidos y llegó a España traducido por Norma Editorial. Hay una segunda parte, que también ha sido traducida al castellano como Todos mis amigos siguen muertos y que ahonda en las miserias de sedas dentales a las que le hacen el vacío, forenses demasiado acostumbrados a tratar con muertos o máquinas que no han sido programadas para entender el concepto de amistad.

Foto Web oficial 

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