Fotografía de la novela, Azúcar quedamo

Es probable que la mayoría de los artículos que hablan de Azúcar quemado, de Avni Doshi (Temas de Hoy), empiecen mencionando a la frase con la que arranca la novela. En cierto modo, se podría decir que parece prácticamente inevitable. Es uno de esos inicios que no solo están llenos de fuerza, sino que además dicen mucho sobre qué esperar de la novela y de cómo se construye la historia. “Mentiría si dijera que nunca he sentido places cuando a mi madre le ocurre una desgracia”, confiesa la narradora, Antara.

Azúcar quemado es una historia de madres e hijas, sobre cómo las decisiones de unas primero y de las otras después acaba afectando a cómo vivimos y a los hitos de la existencia. También sobre el peaje que suponen las responsabilidades en términos de cuidados, sobre el peso de la memoria y sobre la fiabilidad – o no – de los recuerdos.

Después de acabar de leer la novela, de hecho, sientes que has estado rodeada de personajes poco fiables. Debemos aceptar que la narradora es sospechosa, que nos cuenta una versión de la verdad (pero ¿qué es exactamente la verdad y son nuestros recuerdos completamente ciertos desde el punto de vista objetivo?), pero también que lo que los otros personajes nos acaban aportando cuando escuchamos sus voces supone una parte más del prisma.

La novela recoge la historia de Antara, narradora en primera persona, que tiene que enfrentarse al colapso de la salud de su madre, Tara. Tara fue una mujer poco convencional, que arrastró a su hija en sus decisiones vitales en las que rompía con la sociedad y con lo que esperaba la sociedad india de ella (y que quizás, en otra narración, hubiese sido la protagonista, en una de esas historias de ‘persona que aprende a vivir como quiere’ pero que aquí es el eco de lo que eso supuso para su hija, para lo que no fue exactamente una buena historia). Antara es ahora una mujer adulta, una artista, que ve como su madre pierde la memoria y que recuerda por ella y por su madre lo que han vivido juntas.

“Esta historia surgió de una voz”, explica la autora en el dossier de presentación de la novela. “Cuando empecé el último borrador, comencé a jugar con el tono y traté de imaginar cómo sonaría la voz de la narradora en la realidad. La primera frase de la novela surgió de esa forma”, añade. Doshi ha estado trabajando en esta novela durante siete años (“escribí muchos borradores de este libro”), que empezó como “una investigación sobre madres e hijas y los diferentes aspectos de esta relación”.

La novela se publicó en 2019 en India, antes de saltar en inglés a Reino Unido en 2020 (es finalista del Booker Price) y a Estados Unidos y Canadá este año. Ya ha vendido los derechos de traducción a más de 20 idiomas y es una de esas novelas que serán recurrentes en las listas de libros que deben leerse este año.  

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