Cartas a palacio jorge díazTodos los puntos de partida de la historia que vamos a analizar son atractivos, con amplio potencial para ser un best seller. Cartas a palacio, de Jorge Díaz, es una novela histórica que recupera un episodio poco conocico de la historia de España reciente o, como indican en varias ocasiones los protagonistas de la novela, la única cosa realmente buena que hizo Alfonso XIII durante su reinado.

En 1914, con Europa consumiéndose en la que en su momento fue llamada la Gran Guerra y con España manteniéndose al margen como país neutral, una niña francesa escribió al rey de España porque no sabían qué había pasado con su hermano, soldado desaparecido en combate. La carta llegó al corazón de Alfonso XIII y le dio la idea para crear la Oficina Pro-Cautivos, un organismo pagado con la fortuna personal del monarca (para así mantenerse al margen de la burocracia española) y que se convirtió en uno de los primeros de la historia de sus características. En la oficina, en la que llegaron a trabajar más de medio centenar de personas, se velaba por los prisioneros de guerra: se localizaba a los desaparecidos, se informaba a sus familias y se controlaban las terribles condiciones de los campos en los que eran internados los prisioneros de guerra. La oficina estuvo operativa hasta principios de los años 20 y atendieron a 200.000 prisioneros y 500.000 peticiones de auxilio.

Eso por lo que toca a la parte real de la historia. La parte literaria es, de entrada, una historia coral sobre varias personas afectadas por la contienda aunque con mayor peso del triángulo amoroso entre Blanca Alerces, una joven aristócrata que deja plantado a su novio en el altar mientras en Europa matan al archiduque Francisco Fernando; Álvaro Giner, un médico militar amigo del rey que será el director de la Oficina Pro-Cautivos; y Manuel Campos, un tipógrafo anarquista. Y en ese choque entre lo que quiere ser y lo que pudo ser es donde la novela falla.

Si el libro se hubiese centrado en el trabajo de la oficina, hubiese sido una novela diferente (aunque mucho más interesante). Si la novela se hubiese centrado en el triángulo amoroso y en los problemas que para sus personajes suponen, habría sido mucho mejor para la historia. Si el libro hubiese sacrificado el aspecto coral, hubiese ganado mucha más consistencia. Porque la novela quiere abarcar demasiado … y se queda en demasiado descafeinada. El material da para un buen best seller (uno de esos que se devoran sin descanso) pero no acaba de conseguirlo. Los personajes son demasiado planos y algunos demasiado evidentes y arquetípicos. El malo es un duque misógino y… malvado, tópicamente malvado, que es lo poco que podemos decir de él. Los buenos son demasiado predecibles. El triángulo que debería consumirse en pasión demasiado aburrido. Y todo está demasiado visto. La parte realmente novedosa de la historia, esa oficina humanitaria a la que nadie había dedicado una novela, queda borrada por el resto de la trama (aunque es realmente lo que resulta interesante).

Incluso el personaje que tendría más potencial dramático, el anarquista Manuel Campos que entra a trabajar para el rey en la Oficina Pro-Cautivos, queda sin que le quiten todo el jugo posible. Tenemos a un anarquista (recordemos que los anarquistas eran una fuerza muy activa y muy decidida a matar al rey en aquel momento) y todo su conflicto interno se resuelve en un par de líneas.

Por otra parte, al optar por una novela coral, es mucho más complicado conseguir darle a todos los personajes el peso y el desarrollo suficiente como para poder conocerlos bien. La novela tiene 558 páginas, pero aún así no resultan suficientes para sacarles a todos ellos el jugo ni tampoco para pintar un fresco realista y completo (y teniendo en cuenta que se tocan diferentes estratos de la sociedad y diferentes países en contienda todo apunta a que eso era lo que buscaba el autor). De hecho, algunas páginas podrían arrancarse del libro y no pasaría absolutamente nada. Al principio de la narración, Gavrilo Princip es uno de los personajes y con él asistimos al atentado contra el heredero austríaco y al juicio contra sus perpretadores, pero después Princip desaparece por completo de la narración y no vuelve a aparecer más (a pesar de que falleció en 1918 y, por tanto, siguió vivo de forma paralela a todos los hechos que narra la novela). Si no iba a aparecer más, ¿por qué llevarnos a ver todo desde su punto de vista al principio sin en realidad lo que a él le pasa no afecta a los demás personajes de la novela?

Y, en resumen, resulta una pena: el punto de partida es muy interesante, el hecho histórico lo suficientemente desconocido como para conseguir llamar la atención y con unos personajes más complejos y un recorrido menos trillado hubiese aparecido una novela mucho más interesante y un best seller que consiguiese enganchar más y mejor. Los derechos de la novela están vendidos para su adaptación como miniserie desde antes incluso de su llegada a librerías. Con un buen guión (y un buen gasto en vestuario y decorados), quizás la versión televisiva consiga convertir en sólida una historia de la que se podría haber hecho más como novela.

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