confesiones de uan heredera

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. Y es otra verdad, literariamente reconocida, que lo encontrará en una joven soltera, dispuesta y de la que se enamorará de forma literariamente perfecta, antes de que el punto final nos deje imaginarnos una vida en la que posiblemente no discutirán (bueno, quizás lo hagan por quién se lleva el último scone que han traído con el té o por si es mejor la mermelada de melocotón o la de frambuesas) ni serán jamás infelices porque el punto final es la promesa de un mundo ordenado y feliz por siempre.

Así ocurre en las novelas de Jane Austen y así ocurre en las posiblemente incontables novelas románticas del género regencia (las que se posicionan en el mismo período en el que ocurren las novelas de Austen, la Inglaterra de la Regencia) aunque lo cierto es que la realidad de la época y las condiciones de vida de los que tendrían que ser los protagonistas reales de las historias no era exactamente así. Londres, por ejemplo, era la capital del vicio y muchas chicas acaban siendo prostitutas porque no había muchas más opciones de vida a las que pudiesen echar mano.

Pero ese no era el único punto difícil de vivir en ese momento. La mortalidad femenina era muy elevada y morir en el parto no era en absoluto raro. Como explica Lady Hawthornetone-Williamsmith, una no puede esperar vivir más de dos décadas de vida y morir en el tercer parto antes de los 25 es más que esperable.

confesiones de una heredera con demasiado tiempo libreLady Hawthornetone-Williamsmith no es una figura histórica sino la protagonista de la que nos prometen es una novela que aborda la cara B de todas esas historias románticas, Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre, de Belén Barroso, editada por Espasa. La historia, narrada por su protagonista en primera persona en cartas a su querida amiga Edwina, sigue los desvelos de la protagonista mientras intenta buscar marido. Al fin y al cabo, se le está pasando ya el arroz (que va camino de los 20…) y su padre no está dispuesto a seguir gastando dinero en ella.

La novela, que llega al mercado en el segundo centenario de la publicación de Emma y en la que no es difícil encontrar ecos de la historia de Austen (la protagonista es una muchacha acomodada que decide ayudar a su vecina, la pobre, a encontrar su posición en el mundo y por supuesto un marido), sigue siendo sin embargo un acercamiento amable al siglo XIX (no hay grandes dramas, más allá de cómo cortar los sándwiches para que sean perfectos y cómo atrapar al marido que a una debería corresponderle).

Pero a pesar del tono amable, y gracias a la ironía, no es fácil encontrar en la historia referencias a las diferencias de clase, al despilfarro de las clases altas y al hambre que pasaban las bajas, al trabajo infantil o a la presión por cuestiones sociales. Y es que cambiar de posición social (a peor) era un pecado que no se debería cometer.