galvestonSi habéis visto la fantástica serie ‘True Detective’ es posible que estuvierais esperando el libro de Nick Pizzolato (‘Galveston‘) con las mismas ganas que yo. Esas atmósferas opresivas, esos personajes densos y tristes, esa estructura hipnótica… ¿Puede escribir Nick Pizzolatto algo que no sea una maravilla?

No, no puede. Y aunque es inevitable hacer comparaciones, y aunque de nuevo encontramos atmósferas opresivas, personajes densos y tristes, estructuras hipnóticas, la novela no tiene nada que ver con la serie. Porque esta última se caracterizó por ser algo rompedor y el libro, sin embargo, nos lleva de vuelta a un territorio que ya conocemos -y que siempre disfrutamos-: el de la novela negra americana.

Lo notamos desde que oímos hablar por primera vez a su improbable protagonista: un perdedor, un asesino, un poeta, un sentimental. El tipo de personaje que nos lleva atrayendo décadas, con sus suaves artimañas, aunque sabemos que en la vida real nos daría miedo o incluso asco. Roy Cody, un matón texano que esconde junto a su alma violenta, si no un buen corazón, al menos sí algo que se le parece. Lúcido y desesperanzador, nos cuenta su historia: desde que le diagnostican cáncer de pulmón hasta que escapa por los pelos de un intento de asesinato, desde que conoce a Rocky, una chica aún más perdida que él, hasta que esta se hace imprescindible… Nos lo cuenta con un lirismo que cuesta creer de alguien tan brutal, pero mientras leemos no podemos pararnos a pensar: lo bebemos de golpe, y queremos otro trago nada más terminar.

Lo notamos también en los moteles polvorientos, en las carreteras eternas, en los sicarios y en las prostitutas, en las familias que veranean sin ganas, en los bares de billares y moteros, en la América profunda tal y como siempre la hemos imaginado. Lo notamos también en esa creencia ciega de que el carácter -o el pasado, nunca queda claro- de un hombre en su destino, esa fatalidad que tanto les gusta a los americanos (o a los americanos que nos gustan a nosotros) que es el contrapunto al éxito del hombre hecho a sí mismo. Roy puede olerlo en los demás, en todos los que le rodean, en ese muchacho huérfano demasiado ansioso para llegar a los treinta, en esa puta quinceañera demasiado aturdida para dejar de vagar, también en la mujer que podría salvarlo, pero que comete casi tantos errores como él mismo. Probablemente lo pueda oler en él, también. Porque un bruto no puede salir de la brutalidad aunque esconda un poeta. Y eso, que a veces se nos pierde de vista (tanto le deseamos la felicidad) nos lo recuerda Pizzolato sutil y acertadamente, cuando en las conversaciones, oímos de labios de otros en qué consiste realmente -si somos nuestros actos y no nuestras intenciones- nuetro antihéroe Roy Cody.

‘Galveston’ es, en definitiva, una novela implacable, de esas que te dejan exhausto. Pero una tan bella que no te importa perder un pedacito de corazón en cada página. Aunque supieras desde el principio que el número por el que apostaste ni siquiera estaba en la ruleta.

*’Galveston’ es la primera publicación de la serie de novela negra de Salamandra: Black Salamandra.