La historia de la guerra de Troya es una pieza clave de la historia de la literatura, pero también una parte ya incuestionable de la cultura popular. No hay que haber leído literatura clásica para saber que en Troya se enfrentaron dos grupos rivales, llevados a la guerra por ‘culpa’ de la mujer más bella del momento, Helena.

Helena de Esparta, casada con el rey de Esparta Menelao, es ofrecida como premio en una votación entre diosas a Paris, príncipe troyano. Paris viaja a Esparta y se lleva consigo de vuelta a Troya a la bella Helena, que permanecerá en la ciudad durante una larga guerra y se convertirá en Helena de Troya. De la Helena de la cultura popular nos hemos quedado con que era demasiado hermosa, demasiado inconsciente y demasiado culpable. Pero ¿era realmente Helena todas esas cosas? ¿Cuál es exactamente su versión de la historia?

Eso es lo que aborda Helena de Esparta, la novela de Loreta Minutilli que acaba de publicar Alianza en una traducción de Ramón Buenaventura. Minutilli señala, al hilo de la novela, que la historia de Helena siempre ha estado narrada desde el punto de vista masculino, “nunca le han dado ocasión de abrir la boca”, y centrándose en la idea de la belleza de Helena.

La escritora recupera la identidad original de Helena, la suya propia (era, al fin y al cabo, por nacimiento Helena de Esparta) en lugar del Helena de Troya que usamos habitualmente para referirnos al personaje. Pero no solo cambia el nombre, sino que hace algo mucho más interesante. Cambia el foco. A Helena ya no la vemos bajo la mirada masculina sino bajo su propia mirada. Ella es quien nos cuenta la historia, nos la narra en primera persona.

La novela es un largo monólogo, que logra transmitir la rapidez de lo oral sin por ello romper con lo que se espera del texto literario. En los párrafos finales descubrimos (si no lo hemos leído antes en la contraportada) a quién está contando Helena la historia, lo que hace que la propia narración funcione como una pieza más de la historia narrada. Helena de Esparta arranca con su propio –y mitológico– nacimiento y avanza con la narración de su juventud y su encuentro con Menelao, el que se convertirá –por su elección propia– en su marido, antes de adentrarnos en lo que ocurre una vez que Paris se cruza en su camino.

Minutilli sigue la tradición clásica y la cronología asentada en la literatura. Los hechos son los que son, en cierto modo. Sin embargo, en todo el proceso realiza una migración del punto de vista, que nos hace enfrentarnos a la historia y a todos sus episodios con una óptica completamente diferente. La historia la cuenta Helena y la narración se centra en la experiencia de las mujeres, las olvidadas en la historia clásica.

Imagen | Helena de Troya en un dibujo del siglo XVIII, Wikimedia

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...