inseparables‘Inseparables’ me ha emocionado. Ha sido también una bofetada de belleza y de realidad, un álbum que plantea un tema difícil de una manera inteligente y sin caer en el melodrama o en la sensiblería.

Correr, saltar, bailar… Con un par de zapatos se pueden hacer muchas cosas, pero ¿con uno solo? Clara es feliz con sus zapatos azules de hebilla, pero un día uno de los dos se estropea y, claro, hay que tirarlos a la basura.

Pero esta no es la historia de los zapatos de Clara, Inseparables’ es la historia del zapato de Clara al que finalmente separan de su pareja (el roto zapato azul) para emprender un camino que empieza en un vertedero y acaba de manera sorprendente.

Narrada en primera persona por el zapato azul, ‘Inseparables’ aborda un tema tan complejo como el de la infancia y la guerra y las terribles consecuencias de esta. Pero no es menos cierto que en medio de la tragedia hay espacio para la esperanza, para la solidaridad.

No sabemos dónde sucede la acción ni cuándo. No es necesario. Podría ser aquí, podría ser en cualquier sitio. Un niño que padece las consecuencias de una guerra, sufre esté donde esté. Uno de los grandes aciertos del álbum es que no presenta una infancia miserable o unos escenarios que podamos reconocer. La guerra está en todas partes.

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Maria Girón ilustra esta historia con delicadeza y contornos suaves, incluso difuminados, en la que las imágenes se recortan sobre un fondo blanco que permite detenernos en los detalles, en la expresiones de los personajes. Merece la pena comparar la secuencia de los bailes al principio y al final del álbum (no desvelaremos más), cargadas de emoción y dinamismo.

Mar Pavón da voz en pasado a este zapato, midiendo cada palabra y cada pausa. Frases muy cortas y puntos suspensivos que a veces nos muestran la incertidumbre. Y es que hay veces que necesitamos ese punto o esa coma para tomar aire y respirar porque al pasar la página una imagen bella puede ser también un jarro de agua fría.

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Tramuntana Editorial publica este álbum que recomienda a partir de cinco años, pero que todos deberíamos leer. Porque hay cosas que ni la guerra puede destruir, como la capacidad de sonreír de los niños cuando vuelven a ser felices.