biografo viaje

Uno de los elementos que se dan por sentados en las buenas biografías es que el biógrafo, al final, desaparece. En medio de la historia de su biografiado, quien escribe es mucho menos relevante y lo importante es lo que el protagonista de la biografía ha hecho, dicho o pensado. Hasta las opiniones de los escritores acaban ocultándose (puede que algo que haya hecho el biografiado no les parezca bien, pero ellos solo están ahí para contar). Y, aunque cada vez hay más biografías que son en realidad ensayos en los que la vida del biógrafo y el biografiado convergen (uno de los más interesantes textos que hemos leído últimamente en este estilo es Take Courage, el muy recomendable texto de Samantha Ellis sobre Anne Brontë), lo habitual sigue ser no ver jamás a quien escribe la historia, por muy relevante o crucial que esa historia sea en su vida y por mucho que la vida de su protagonista pueda estar afectando a la suya propia.

huellas richard holmesPor eso, resulta especialmente atractivo Huellas. Tras los pasos de los románticos, de Richard Holmes, que acaba de publicar en castellano Turner en su colección Noema (la edición original en inglés es de hace unos años). Holmes, biógrafo, recoge en este libro varios ensayos sobre no solo la vida de sus biografiados, sino también el camino que le llevó a encontrarse con ellos y el cómo busca su pista en los diferentes lugares que recorre siguiendo sus pasos. Hay algo de tierno en sus relatos, pero sobre todo hay mucho de literario. La biografía de cómo se hace una biografía tiene mucho de historia en sí misma.

Holmes arranca con sus comienzos como biógrafo, que es sin duda la historia que pone ese punto tierno a la recopilación. Aquí Holmes es un joven, que antes de entrar en la universidad se lanza a recorrer los caminos de las Cevenas, en Francia, siguiendo los pasos de Robert Louis Stevenson. No es difícil imaginar al emocionado joven Holmes, buscando la profunda experiencia literaria y descubriendo que hacer el camino es algo que mucha gente parece haber hecho. En todo su camino, realizado a principios de los 60, los habitantes de la región con los que se cruza tienen mucho que decir del camino realizado por Monsieur Steamson, como ellos lo pronuncian, y de corregirlo en sus fallos (al fin y al cabo, como le dicen, Monsieur Steamson llevaba una burra consigo y el joven Holmes falla al no llevar su propia burra).

En las Cevenas, el escritor se estaba descubriendo como autor y como biógrafo sin saberlo. En las siguientes historias, Holmes está o bien buscando de forma consciente a sus personajes (como hace cuando se recorre Italia siguiendo los pasos de Percy Shelley) o acaba tropezando con ellos de forma casi accidental (como ocurre con Mary Wollstonecraft, a quien empieza a seguir cuando se da cuenta de los paralelismos entre los ingleses que se iban a ver Mayo del 68 y los que se fueron a ver la Revolución Francesa). En su camino tan bien hay historia de final un tanto frustrante. Ahí está su historia con Gerard de Nervald, el escritor francés que acabaría pasando a la historia de la curiosidad literaria por tener una langosta como mascota en el París del XIX y al que Holmes quiere encontrar. Es difícil, por mucho que se esfuerce, como bien vamos viendo a medida que cuenta sus pesquisas. Nerval, que acabará suicidándose y que pasará varias etapas en sanatorios mentales, hace que sea muy difícil encontrar la frontera entre la verdad y la mentira.

Huellas. Tras los pasos de los románticos ayuda también a ver todo el trabajo detrás de una biografía, con sus persecuciones por lugares y textos de personas a las que será imposible encontrar, y también descubrir esa parte menos romántica, por así decirlo, más llena de azar. En parte, su trabajo recuerda un poco al de los periodistas, que también tienen mucho de suerte, de encontrar al vecino concreto que puede contar la historia (¡algo que sigue pasando cuando se investigan historias de siglos atrás!).

Foto Pixabay/Pexels