Hace unos meses, leí La sociedad literaria y del pastel de piel de patata Guernsey, de  Annie Barrows y Mary Ann Shaffer (en la muy buena traducción al gallego, por cierto, de Rinoceronte Editora) y después vi la película que la adaptaba porque justo había llegado a una de las plataformas de streaming a las que estoy suscrita. Cuando terminé de ver la película, leí una de las críticas que se habían publicado cuando había llegado a los cines unos meses antes. La crítica decía algo así como que era una película que se quedaba con lo de siempre y que no arriesgaba.

Me pareció un poco una tontada. Porque claro que es una película –y una novela– que se queda con una historia de un tipo concreto y con una construcción de la trama que sigue unos derroteros claros, pero es que eso es lo que quienes se sientan a leerla o verla esperan. No es literatura de género exactamente, pero sí un tipo de libro concreto, el que esperas que tenga un toque al final más o menos feel good a pesar de un desarrollo con toques trágicos. Y partiendo de eso es como debería ser analizada, partiendo de lo que se espera de su subgénero literario.

Todo esto viene porque cuando terminé de leer The Jane Austen Society, de Natalie Jenner, una de las novedades literarias para el verano del mercado estadounidense y que tiene toda la pinta de acabar siendo comprada y traducida al castellano. Es la clásica novelas de pueblecito inglés (deberíamos acuñar esa etiqueta como género), con choques de ‘fuerzas vivas’ e historias de amor soterradas con caserón en crisis y libros de por medio.

Y no, no es una novela que vaya a cambiar la historia literaria (pero ¡no todas las novelas deben serlo!) pero sí una buena historia en su género y una que me hizo pasar un par de buenas tardes mientras la leía (en la debacle además de estas semanas de crisis).

Jenner novela la creación de la Jane Austen Society, la asociación cultural responsable del museo de la escritora en Chawton. No es un spoiler, pero sí algo importante para tener en cuenta quien busca la historia real. La de la novela no es, ni de lejos, la historia de cómo se fundó el museo. Lo único que tienen en común la realidad y la novela es que la casa fue reconvertida en los años 40 y que antes era una casa reconvertida en pequeños pisos y bastante olvidada y descuidada.

En la vida real, se convirtió en un museo gracias a la donación de unos padres que habían perdido a su hijo en la guerra y que lo hicieron a modo de homenaje a su memoria. En la ficción, el cómo la casa se convierte en museo es el epicentro de la trama y es el patio de juego literario de la escritora. Esto es, Jenner lo convierte en el motor que hace avanzar la evolución de sus personajes. Como tal funciona. La novela no vale para descubrir una historia real, pero sacrificar la realidad para crear una parahistoria literaria tiene sentido al hilo de los resultados (y la propia escritora deja claro al final que no ha usado la realidad como base para su historia).

Como novela vinculada a una persona de la historia de la literatura, la trama tiene mucho de amor por los libros. Los diferentes personajes –varios habitantes del pueblo y una estrella de cine fan de Jane Austen– hablan todo el tiempo de las novelas, de sus personajes favoritos y de lo que creen que Austen estaba queriendo decir con sus historias. Sus historias propias tienen, como es una suerte de clásico en este tipo de novelas, un eco con lo que ocurre en las novelas de Austen (que acabarás la novela queriendo leer o releer en un maratón de lectura temático).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...