La hondonada‘La hondonada’, última novela de Jhumpa Lahiri, no puede empezar mejor. Te sitúa en la Calcuta de los años 50,en el seno de una familia normal y corriente en la que dos hermanos, Udayan y Subbash, viven felices. Te cuenta cómo juegan, cómo estudian, cómo evolucionan. Y la autora lo hace con su particular habilidad para convertir cualquier suceso anecdotico en algo emocionante, detallando con mimo y cuidado cada escena, cada pensamiento, plasmando en palabras lo que subyace en la realidad, y haciéndolo además de forma poética. En la página 10 ya lo tienes claro: no quieres que ese libro acabe nunca. No puede ser más bonito. Y te aviso ya que pares aquí si no quieres spoilers.

Sin duda la primera parte es la más potente de todo el libro, que narra en su totalidad una verdadera saga familiar. En esa primera parte se nos presenta bien a los dos hermanos, tan cercanos pero tan distantes, sobre todo tan diferentes. El más sensato, el más aburrido, decide irse a hacer un doctorado a Estados Unidos. El más carismático, el más atrevido, se deja fascinar por la responsabilidad de un mundo mejor (en su caso a través del movimiento naxalita). Y entonces llega la tragedia.

Lo que nos cuenta ‘La hondonada’ finalmente, es como la tragedia afecta, a lo largo de generaciones, a toda la familia. Y aunque la primera parte es la más potente, es probablemente poco más que una introducción. El hermano menor, Subbash, puede desaparecer físicamente, pero se queda como un fantasma, impregnando de tristeza el día a día del resto de los personajes: a los padres, a su hermano, a su mujer, a su hija… nosotros seguimos la vida de esos personajes, sus miedos, sus inquietudes, sus decisiones. Y si bien todo el libro está recorrido por el estilo inmejorable de Lahiri, conciso y a la vez abierto, paralizado y a la vez trepidante, sensitivo y a la vez inmaterial, algo falla a la hora de dibujar a los protagonistas. Subbash es siempre un hombre íntegro, aunque atormentado, su mujer un trauma constante, su hija el paradigma de los hijos de divorciados. Planos, cuando una sabe perfectamente, que Lahiri puede hacer mucho más (y bien lo demuestra en determinados fragmentos del libro, que te fulminan con su  capacidad para reproducir los sentimientos humanos).

De la misma manera, tras trescientas páginas bregando con los personajes, la autora parece necesitar un final conclusivo que nadie le ha pedido. Sí, no diré que no se merecen, todos, la felicidad. Pero queda un poco artificial cuando esa panda de solitarios, recorridos por la tristeza de aquella tragedia primigenia, consiguen superar sus problemas y hasta encontrar el amor en solo seis capítulos (y los capítulos son muy cortos, un factor importante para catapultar la no-acción como Lahiri consigue hacerlo).

También son fundamentales en este libro otras temáticas habituales en la autora: la emigración, el sentimiento de aislamiento, las relaciones interpersonales, la maternidad/paternidad, los remordimientos y la culpa…

Y no nos equivoquemos, ‘La hondonada’ es un libro muy recomendable.  Pocos escriben mejor que Lahiri. Se trata solo del típico caso del estudiante de sobresaliente que te saca un notable. Y entonces tú le bajas un poquito más de lo que corresponde la nota para que se esfuerce.