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Quien sigue los medios literarios estadounidenses (o los medios un poco cool de ese país) seguramente recordará uno de los títulos que aparecían en prácticamente todas las listas de libros que se debían leer durante el verano. El libro era The Girls, de Emma Cline, una novela que venía además casi siempre acompañada en estas listas por la frase “inspirada en el affaire Charles Manson”. Y es que la novela no es la historia de Charles Mason, ni de los asesinatos de Sharon Tate y las personas que estaban con ella la noche en la que murió, ni de las mujeres que formaban parte del círculo de Mason, aunque sí es algo muy cercano. Cline se inspiró en esta historia para construir su narración de ficción y, aunque no siguió paso por paso lo que ocurrió, sí recupera la atmósfera de esos hechos y de lo que llevó hasta ellos.

Y ya con eso Cline, su novela y la editorial que la lanzó (Random House en Estados Unidos) tenían material suficiente para entrar en todas las listas, todos los artículos y para convertirse en uno de los libros del año.  Si a eso se suma que la novela se llevó un contrato con un adelanto de dos millones de dólares (aunque es la primera novela de una escritora de 27 años) y que ya están vendidos los derechos de la adaptación al cine, se puede comprender además que la editorial intentase crear un frenesí mediático y lo lograse. La escritora, a pesar de que es joven y de por tanto esto se suele dar por supuesto, no es una estrella de las redes sociales (aunque sus editores estadounidenses querían que entrase en Twitter, ella se negó – no tiene ni smartphone – y son sus hermanas las que le filtran lo que ocurre online) y sí una autora que se liga rápidamente a lo intelectual (empezó publicando relatos cortos en cabeceras con renombre estadounidenses). La novela tiene, por tanto, el marchamo de lo que está generando, en términos de internet y de negocio, buzz, pero también un cierto sello de garantía de lo intelectual y lo cultural. Ante The Girls esperamos un éxito brutal pero también alta literatura.

¿Es esa la receta para el éxito? Cuando ayer hablaba con una amiga de que acababa de terminar de leer el libro (ella también lo había leído), me contaba que al parecer (y todo esto viene por lo que había dicho una librera) se está vendiendo como churros. En lenguaje de mercadillo, los ejemplares del libro los quitan de las manos. Por supuesto, esto ocurre (o esto ocurre aquí) porque el libro acaba de ser traducido. Una de las cosas que apuntalan estos éxitos planetarios y que acaban asentando los fenómenos literarios es que no están limitados a un único mercado. Son mucho más generales y mucho más globales. The Girls está apareciendo en muchos otros países y muchos otros mercados. En España acaba de ser traducida por Anagrama como Las chicas y es uno de los lanzamientos de la temporada de otoño-invierno.

the-girls-emma-clineSentarse a leer un libro así tiene muchos riesgos, en realidad. Cuando todo el mundo habla tan bien de algo y cuando un libro está por todas partes de forma tan entusiasta (las críticas, y las críticas de los medios que forman el establishment literario, están siendo muy positivas), se siente cierto temor ante que no acabe estando a la altura de lo que se espera. Yo leí en libro en la edición británica (la que, al final, es la edición en lengua original que consumimos en Europa), el The Girls de Vintage Publishing, uno de los sellos de Random House UK (¡gracias, NetGalley!), con su edición con una cubierta de foto retro de aires engañosamente bucólicos (al fin y al cabo, ya sabemos que lo que nos espera no es nada bucólico).

La historia está protagonizada por Evie Boyd, una adolescente en el verano de 1969, atrapada en medio del divorcio de sus padres y en medio de los (irrelevantes) problemas de la adolescencia, una adolescente que aún no ha encontrado su lugar en el mundo. En medio de ese verano conoce a unas chicas que la fascinan (sobre todo una de ellas) en un parque y que acaban llevándola a descubrir un grupo, el que lidera Russell en un rancho destartalado y en el que siente que por fin es visible, que por fin es alguien.

La novela está narrada en primera persona por la Evie del futuro, una mujer de mediana edad que puede, por tanto, ofrecer una versión mucho más compleja de los hechos que sucedieron (y que protagoniza los capítulos que de forma más recurrente las críticas señalan que sobran y que, sí, a mí también me sobraron).

¿Es la narración la obra maestra que parece que vamos a encontrarnos? La novela resulta fascinante si se piensa que es la primera obra escrita por una joven autora. No sé cómo será la traducción y si han conseguido mantener el mismo estilo del original (y sí, mientras leía pensé alguna vez en que el traductor tenía por delante un trabajo muy complicado), pero en The Girls la lengua es uno de los elementos más importantes, uno de los que son la clave para comprender por qué el libro es bueno.  Cline mide y cuida todas las palabras que emplea y toda la narración es muy elegante, muy estilosa, ayudando a crear imágenes (la historia juega mucho a sugerir, a trasladarnos a esa atmósfera). El único problema es que para algunos lectores (es mi caso) llega un momento en el que el lenguaje se hace demasiado excesivo. Es decir, llega un momento en el que te preguntas (a pesar de lo bien construido que está) si es realmente necesario cuidar tanto la expresión y no más cuidar la historia (y sí, no soy nada original, algunas críticas de los grandes medios también apuntan eso: quizás a veces la autora peca de ser demasiado estilosa).

Al acabar de leer, al llegar al final y al pensar después en lo que se ha leído, queda una cierta sensación de banalidad, lo cual no tiene tanto que ver con lo que se cuenta que con el cómo se cuenta. Fue uno de los libros con lo que lo comparé y con la experiencia de lectura con la que lo comparé: A sangre fría, de Truman Capote, también cuenta la historia de un asesinato basado en un hecho completamente banal, con unas motivaciones de lo menos profundas, y, sin embargo, cuando acabé de leerlo (y recuerdo la impresión de aquella primera lectura) no tuve esa sensación. Era una historia sobre un hecho banal, cierto, pero era una historia profunda. Aquí, aunque no puedo dejar de reconocer el virtuosismo de la autora a la hora de construir el empaquetado de la historia, siento que me falta un poco de profundidad.