Parece casi inevitable cruzarse en la mesa de novedades de las librerías en estos momentos con libros y más libros sobre el coronavirus, las epidemias a lo largo de la historia y todos los temas que se pueden conectar de un modo o de otro con la crisis de la covid-19. Una de las novelas que Gatopardo publicó este verano podría encajar perfectamente en esa avalancha de novedades y títulos, aunque en realidad su lanzamiento nada tiene que ver con el contexto. Fue una de esas sorpresas literarias, uno de esos momentos en los que se está en el momento adecuado.

En librerías desde junio –aunque quizás haya pasado desapercibida como tantas otras cosas que se lanzaron entre marzo y junio– Gatopardo ha publicado en castellano una de las novelas de Barbara Comyns, la escritora británica detrás de La hija del veterinario y Y las cucharillas eran de Woolworths. Los que cambiaron y los que murieron es una novela a medio camino entre lo fantástico y lo histórico, lo cómico y lo trágico. Y es, que es lo que hace que pueda parecer una novela para los tiempos del coronavirus (aunque realmente es una historia para cualquier tiempo), una novela sobre una epidemia.

Estamos en 1911 en una casa solariega británica que no es muy difícil imaginar en decadencia. La abuela es la propietaria y es una mujer tacaña y con la que nos es fácil convivir. En la casa también viven las dos doncellas, el hijo de la mujer (refugiado unos años atrás en la propiedad familiar tras un sonado fracaso laboral) y los tres nietos. Hay una joven hija atrapada en la miseria familiar y dos niños cuyo único problema son las lecciones que la abuela les obliga a tomar (y que debe enseñar el padre). Son unos mimbres que conocemos bastante bien por las novelas de época.

A ese punto de partida hay que añadir una tormenta de verano brutal, de proporciones bíblicas, que hace que todo se inunde y que deja al pueblo sumergido bajo una riada. Tras la riada, empiezan a pasar cosas ‘raras’. Los habitantes del pueblo entran en episodios de locura y muerte que marcarán sus vidas más allá del verano, una epidemia con orígenes desconocidos.

Por supuesto, la novela se adentra en intentar desvelar qué es lo que ha causado la locura y de dónde vienen todos los males que tocan al pueblo, aunque lo hace de un modo superficial. Lo interesante, lo importante en la historia, no es tanto el por qué de lo que está pasando sino el modo en el que eso afecta a los habitantes del pueblo y, en especial, a los habitantes de la casa solariega. No hace falta que la voz narradora nos alerte en la primera página: cuando abrimos el libro ya damos por sentado que ninguno de ellos va a terminar el verano como lo empezó. Y ahí está el epicentro de esta historia.

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