media vida

Es cierto: las novelas sobre errores del pasado que se han dejado sin resolver mientras se tira para delante están más vistas que el tebeo. Son uno de esos elementos que han funcionado y que se han usado en la historia de la literatura seguramente se podría decir que desde tiempos inmemoriales. Y, sin embargo, se siguen produciendo ese tipo de historias, siguen funcionando muy bien (como en todo, las hay muy buenas y las hay muy malas) y, personalmente, me siguen fascinando (el error del pasado y sus ramificaciones y las historias sobre cosas que todo el mundo comprendió mal son dos de mis recurrentes obsesiones lectoras). En este nicho, por llamarlo de algún modo, entra Media vida, la última novela de Care Santos, que ganó el pasado día de Reyes con ella el Premio Nadal y que, con la velocidad abrumadora de publicación de los grandes premios, lleva ya unos cuantos días en librerías.

Media vida empieza en un pasado un poco más lejano para volver luego a un pasado mucho más cercano, que es cuando se desarrolla la historia. La novela opera en un único día, que es el escenario en el que vamos descubriendo las historias de sus protagonistas. En 1950, cinco adolescentes juegan al juego de las prendas en el colegio en el que están atrapadas en el verano, en la costa mediterránea. Entre ellas, hay una huérfana, dos gemelas cuya madre las ha dejado en el colegio mientras se centra en encontrar marido y la hija de unos ricos industriales que parecen querer poco que ver con ella. Julia es la quinta en discordia, una niña de orígenes confusos que es el acto de caridad que realizan las monjas del colegio.

media vida care santosEs de noche y en el juego, retadas por la maestra de ceremonias, Olga, tienen que ir a la habitación donde duerme Vicentín, el tontito, a cortarle un mechón de pelo mientras duerme. Lo van haciendo todas, hasta que llega el turno de Julia. Se masca la tragedia, se podría decir, y aunque no sabemos qué ocurre (se narra lo ocurrido desde la perspectiva de Olga) no hay que esforzarse por imaginar qué ha sucedido. No sabemos qué ocurre a continuación, solo que tras lo ocurrido Julia desaparece, porque Olga decide que lo mejor que puede hacer en este caso es dormir, antes de que las monjas puedan ver qué ocurre en la habitación de sus alumnas.

La historia da un salto a 1981, cuando todas estas niñas son mujeres de 45 años con la vida ya en marcha y cuando Olga decide reunirlas a todas en una comida para ver qué ha ocurrido de sus vidas. Básicamente, Olga está mortalmente aburrida y la comida le parece una gran idea para llenar su tiempo (y quizás más cosas). Julia, la niña pobre, es ahora una diputada socialista, responsable de la nueva ley del divorcio. Es, por supuesto, la invitada que todo el mundo quiere que venga, aunque parece difícil que, con su atareada agenda, lo consiga.

El libro es una novela coral que sigue a las cinco amigas y lo que han dado de sí sus vidas, pero, sobre todo, cómo lo que eran cuando ocurrió el incidente afectó al resto de sus vidas de un modo o de otro. La historia no es una novela sobre ser una escolar en uno de esos colegios (aunque Care Santos se ha documentado, como bien se ve en la nota de la autora del final de la novela), a pesar de que puede permitir acercarse a la esencia de todo ello, sino más bien una historia sobre las relaciones personales y sus efectos sobre lo que acabamos haciendo con nuestras vidas.

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