mentalista hitlerDebo confesar que cuando empecé a leer El mentalista de Hitler, la novela de Gervasio Posadas que acaba de publicar Suma de Letras, no podía dejar de pensar en el título de la novela. Y cuando acabé de leer seguía pensando en ella (de hecho, tengo mucha curiosidad por saber si realmente este era el primer título de la obra y si el autor barajó otras alternativas). Os preguntaréis la razón detrás de semejante obsesión. Simplemente me pregunto qué es lo que hace que se sigan siempre ciertos patrones a la hora de presentar (título y portada) las novelas ambientadas antes o durante la II Guerra Mundial.

Personalmente, como lectora, creo que en este caso el título es un error: creo que cuando lo ves en una mesa de novedades lo metes dentro de ese saco de categoría x (o a o b o c, se podrían hacer muchas) sobre la II Guerra Mundial. La portada (hombre de traje de espaldas caminando al lado de edificio con banderas nazis y sobreimpuesto rostro de aires inquietantes) acaban de hacer el trabajo. Asumo que con ese título y esa presentación llegarán rápidamente a un cierto tipo de público, pero quizás (y seguimos con la opinión personal) de este modo se eclipsa por un lado que la novela es sobre algo no muy popular y no muy explotado en la literatura bestseller a pesar de su potencial mucho juego (el boom del mentalismo en la Europa de Entreguerras y un mentalista en particular en este caso) y por otro se borra completamente al que a mi parecer es el verdadero protagonista de la historia, un periodista español en el Berlín de los años 30.

La novela se ambienta sobre un momento histórico concreto y sobre un personaje histórico real (y esa es posiblemente su mejor baza: en la historia entran y salen muchos personajes reales y sobre todo muchos personajes reales de la pequeña historia, esa que no suele tener mucha presencia en los libros). Estamos en el Berlín de los primeros años 30 y de la mano de José Ortega, el periodista español, nos adentramos en el séquito de Erik Jan Hanussen. Hanussen es un personaje muy complejo (y si la novela fuese realmente sobre él, si él fuese el personaje principal, tendría que haber profundizado mucho más en quién es y por qué hace lo que hace). En los años 20 se hizo muy famoso como mentalista y en los primeros años 30 coqueteaba con los nazis. Hanussen hacía sesiones y espectáculos de masas y sabía manipular perfectamente todo lo que lo rodeaba para hacer que su imagen brillase más. Unos años atrás había sido juzgado como timador, pero el juez declaró que no podía determinar en justicia si tenía poderes o no (no es que dijese que los tenía, pero el mentalista supo venderlo así).

Desde ahí, creó un imperio del entretenimiento. El mentalismo estaba muy de moda en la época de Entreguerras, como las médiums, las sesiones de contacto con el más allá y todas esas cosas (los victorianos ya estaban fascinados con el tema y la I Guerra Mundial y las elevadas cifras de muertes no hicieron más que acentuarlo).  Hanussen no solo hacía sesiones de mentalismo sino que también tenía sus propios medios de propaganda. Su periódico, que podría ser fácilmente el equivalente a cualquier web-tabloide que va a por el clic masivo, publicaba predicciones astrológicas e información y, a medida que avanza el tiempo, se va convirtiendo en un órgano más de propaganda de los nazis.

Mientras, Hanussen va haciendo predicciones cada vez más peligrosas relacionadas con los nazis y sus victorias electorales (y una de ellas que no podemos desvelar para no hacer un spoiler sobre el final de la trama), que lo ligan más y más a ellos. Y mientras también vive deprisa (Berlín era un lugar muy adecuado para hacerlo entonces). Todos estos hechos aparecen en la novela y todos son reales, como también lo es el paradójico secreto que ocultaba Hanussen y que hace que su papel y su personalidad sean aún más complejas. A pesar de asegurar que era el descendiente de unos aristócratas daneses, Hanussen era judío.

Posadas toma todas estas cuestiones y las convierte en el telón de fondo para la historia del ficticio José Ortega. Ortega es un periodista español destinado a Berlín por casualidad (en su periódico necesitaban a alguien que hablase alemán y él, recién llegado a la redacción, era el único que lo hacía), que quiere ser un periodista ‘de verdad’ pero que se siente un fraude. Ortega sufre por un lado de un ligero grado de síndrome del impostor y por otro de ese otro síndrome sin nombre de cuando eres demasiado joven, demasiado inexperto y te sientes un tanto bloqueado mientras intentas ser todo lo bueno que quieres ser. Y, como una suerte de millennial cambiado de época (aunque en realidad esto no solo pasa a los millennials y es una cuestión casi tan vieja como la profesión de periodista), le pagan poco y no logra cuadrar las cuentas para vivir en un Berlín en el que no tener dinero no parece lo mejor. Cuando los caminos de Ortega y Hanussen se cruzan se entrelazan. El mentalista tiene una personalidad magnética y, sobre todo, tiene una cartera muy llena con la que comprar a Ortega con la excusa de convertirlo en su chico de prensa.

Y casi sin darse cuenta, el periodista Ortega se acaba enfangando más y más en el mundo de Hanussen y ligándose de una manera o de otra a los personajes de su círculo.

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