precioso dia para la boda

En la edición en la que descubrí esta novela la denominan una «joya olvidada de la literatura inglesa». Virginia Woolf, que fue su primera editora, la describía como «un texto muy bonito, inteligente, ácido, francamente bastante destacable». Y en la ficha que le dedican en Periférica (que la editó en castellano hace unos años) recuperan una crítica que la define como «brillante y agridulce comedia». «Una madre escandalosa y una hermana alborotadora; familiares excéntricos y amigos muy singulares; sirvientes de la vieja época y una antigua casona en el campo…», esos son los elementos que conforman esta novela, según su descripción, aunque lo cierto es que todo eso y un poco más.

Julia Strachey era la sobrina de un escritor muy popular de la época (Lytton Strachey) y miembro de la aristocracia británica. Había nacido en 1901 en la India, por el trabajo de su padre en la administración, aunque acabaría mudándose a Reino Unido de niña tras el divorcio de sus padres. En su biografía hay un cúmulo de todas esas cosas que acababan haciendo las señoritas bien en los Locos Años 20 y que dan para tantas novelas ahora. Fue modelo fotográfica para Paul Poiret, se casó varias veces y fue lectora editorial. Y para redondear ingresos escribía para las revistas.

De su carrera literaria han llegado pocas muestras porque pocas fueron las novelas que escribió, aunque esta Precioso día para la boda es la más conocida y la que más se ha reeditado. La recuperó Persephone Boooks hace unos años (en su edición original en inglés Cheerful Weather for the Wedding) y ha sido traducida por lo menos a castellano, portugués y francés. La novela fue editada originalmente en 1932. Es un pequeño tomo (poco más de 100 páginas) con un argumento engañosamente banal: vamos a seguir a una novia en el día de su casamiento.

Dolly es una jovencita de 23 años y estamos en el día de su boda. «El 5 de marzo, Mrs. Thatchman, viuda de la burguesía, casaba a su hija mayor, Dolly, de 23 años, al honorable Owen Bigham. Él tenía ocho años más que ella y formaba parte del cuerpo diplomático», así empieza la historia. En la casa de Dolly, que está en alto de unos acantilados desde los que se pueden ver dos condados cuando hace bueno (y ese día lo hace, así que la madre está contenta), la familia más cercana se prepara para el enlace. La amiga, la hermana pequeña de 17 años, los primos que tienen los zapatos sucios y la madre un tanto pesada (una de esas madres de esas bodas) esperan a que Dolly baje para ir a la iglesia. Joseph, uno de los amigos de la novia, también espera y no para de preguntar si Dolly está lista y si puede hablar con ella, lo que nos lleva a pensar que tiene algo muy importante que decirle.

La novela avanza a lo largo de la jornada, siguiendo a los invitados y todas las cosas que ocurren (la comida fría, los problemas de vestuario, la novia que bebe a escondidas ron…) y tiene esa apariencia terriblemente sencilla. Strachey es una de esas engañosas escritoras de principios del siglo XX británicas que producen una obra encantadora, encantadora pero que si vas quitando las capas ocultan mucho más que eso.  Y, cuando se acerca el final y todos esperamos que pase  eso que tienen que pasar, los hechos llegan y se van como una tormenta de verano.

Imagen: de la adaptación al cine de 2012