portadaDe vez en cuando aparece en el panorama literario un libro como este. Una joya. Un texto que el lector no puede olvidar al acabar de leer la última página. El vigilante es uno de esos libros.

Aislados en un aparcamiento, dos vigilantes aguardan la llegada de un tercero, mientras cuentan los días para que lleguen las provisiones que les mantienen con vida en el interior de un edificio de lujo del que solo conocen el sótano.

El éxodo repentino de los residentes, hace que ambos hombres se planteen la posibilidad de que algo haya ocurrido en el exterior. Un cataclismo puede ser la causa de la huida de los habitantes del edificio. De todos excepto de uno, el residente del piso 29. Mantener a salvo al único inquilino se convertirá en un auténtico reto que los vigilantes afrontarán como si de una misión secreta se tratase. El paso de los días hará que busquen las respuestas a lo que está sucediendo. ¿Se trata de una prueba a la que la organización de la que son empleados les somete? ¿Un reto a superar para conseguir un posible ascenso?

Una situación kafkiana que se torna más compleja en el momento en que el tercer vigilante aparece. Si el lector pensaba que, como Godot, nunca iba a materializarse, se equivocaba. A partir de este instante, la perfecta rutina en la que Harry y Michel estaban instalados se ve alterada de modo irreversible. ¿Quién es este hombre y qué sabe del exterior? Porque el exterior está siempre presente, al otro lado, fuera de la burbuja: “Alzo la mirada del suelo hacia el ventanal como si fuese una pantalla de cine. Es un espectáculo que hace mucho tiempo que no veo y que, después de esta noche tan tensa, me conmueve hasta hacerme saltar las lágrimas: la reconfortante evidencia de que al menos estas constantes (que la tierra gira entorno a su eje, que el sol existe) no se han visto afectadas”.

Sin embargo, no hace falta salir. La catástrofe puede estar dentro de un edificio; el miedo habita en nosotros. La libertad, la soledad, la falta de información… todo ocupa su lugar en nuestra mente y nos obsesiona. Harry y Michel emprenden una búsqueda que conduce al lector por un viaje a través de la naturaleza del ser humano, de sus luces y, sobre todo, de sus sombras.

El autor va dosificando con maestría los giros de la trama, llevándonos al límite, una y otra vez. Durante la lectura de El vigilante, el lector se siente obligado a tomar aire, a abrir las ventanas, a respirar. La atmósfera que Terrin crea es inquietante, pero nos atrapa, nos obliga a seguir leyendo, buscando avanzar entre la oscuridad, tal y como lo hacen Michel y Henry, en un sótano por el que apenas entra una hebra del luz.

Peter Terrin (1968, Bélgica) es autor en lengua neerlandesa de varias novelas y colecciones de cuentos. Ha recibido, entre otros, el Premio de Literatura de la Unión Europea.

Rayo Verde acierta en la rentrée literaria con este magnífico texto con una traducción impecable. Léanlo.

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