The taqwacoresThe Taqwacores‘ nos cuenta una historia que hemos escuchado ya miles de veces: un joven algo outsider que se erige en narrador de los desfases, las preocupaciones y los problemas de su generación. Solo que en este caso hay un pequeño detalle que lo trastoca todo: los chicos son punk y musulmanes.

Y esas son dos palabras que no solemos ver unidas. Porque uno no puede ser religioso y dedicarse a beber, fumar, follar, y contravenir, en general, los dictados de su conciencia. Porque no es que estos chicos sean musulmanes de tradición, o de familia, o de boquilla pero pasen del tema. No. A ellos -a unos más que a otros- les preocupa crear un nuevo Islam. Debaten sobre qué acciones son verdaderamente haram y cuáles son halal. Rezan a diario. Y deben enfrentarse, pues, a todas las contradicciones que les crea el hecho de drogarse en el mismo espacio en el que después se extenderán para orar.

Y esa es probablemente una de las claves del éxito de este libro: resulta que la escena taqwacore no existe, o al menos no existía cuando Michael Muhammad Knight escribió este libro, pero uno puede imaginarla perfectamente. Uno puede visualizar -el libro nos obliga a hacerlo- a postadolescentes americanos tratando de formar parte de un grupo, sintiéndose superrebeldes, tal y como han hecho y harán siempre los postadolescentes. Vemos a los hijos de inmigrantes perdidos en el choque entre dos culturas. A los estadounidenses de pura cepa atraídos por la ortodoxia de lo exótico. A las chicas que visten con burka pero hablan de sexo. A los músicos punk straight edge que se lían a golpes ante el menor indicio de promiscuidad. El autor nos habla de algo de los que nos han hablado cien veces antes, pero lo coloca en un nuevo entorno y funciona. Es fresco, es divertido, es diferente.

El argumento sigue las desventuras de Yusuf Ali, estudiante universitario de origen pakistaní que vive en una casa musulmana para alegría de sus padres, que creen que así se mantendrá lejos de todos los vicios de la sociedad occidental actual (pobres ilusos). En realidad, Yusuf, de perfil bastante bajo, rebelde de vocación pero no de ejecución, se mantendría alejado de los vicios en cualquier lugar, así que se encarga de hablarnos de sus compañeros de piso, personajes únicos  entre los que encontramos desde el atractivísimo y soñador Jehangir hasta el intransigente Umar, pasando por el porrero Fasiq y la feminista Rabeya, que tacha las partes del corán que le parecen innecesarias. Porque esta en realidad es una novela coral, que a través de los diversos personajes nos pinta un fresco de la escena punk musulmana en América, que igual de aquella no existía, pero quizá ahora sí. Porque además de un libro ‘The Taqwacores’ es un manifesto; no trata de describir un movimiento, sino de crearlo.

El autor escribió esta novela con tan solo 25 años. Neoyorkino de origen irlandés, se convirtió al Islam durante su adolescencia tras leer la biografía de Malcom X (a quien había conocido por las canciones de Public Enemy), pero tras vivir en Pakistán e indagar en la ortodoxia comenzó a cuestionar algunas de las doctrinas más rígidas. Ahí está el germen de esta novela, que comenzó repartiendo a mano en los parkings, y que enviaba gratis a todo el que tuviera interés en leerlo (hasta que se quedó sin dinero de enviar tantos paquetes vía postal). Y es que supuso todo un bombazo entre montones de jóvenes musulmanes que también se sentían encorsetados en la versión más tradicional del Islam.

Por supuesto, no hace falta ser musulmán ni religioso para disfrutar de este libro, porque al final de lo que habla es de la pertenencia a un grupo, de la identidad, y de las dudas metafísicas del quien soy y adonde voy.