Me considero una lectora sin prejuicios. Sé que hay que cosas que no suelen funcionar conmigo (temo el momento en el que me siente a leer el libro protagonizado por no personas en el reto de lectura porque soy consciente de que me costará encontrar algo que realmente me seduzca) pero aún así he probado a leer cosas variopintas. Por supuesto, tengo esos géneros favoritos y esos autores a los que acabas recurriendo cuando buscas cosas concretas. Y, sí, confieso que también hay algunos autores que me dan especial pereza, pero siempre me digo que algún día los leeré (Murakami, esto va por ti). Sin embargo, si soy sincera conmigo misma, sí tenía un prejuicio: jamás de los jamases me dejé engatusar por una novela de Harlequin.

Harlequin es una de las principales editoriales que publican novela romántica (y contra ese género os puedo asegurar que no tengo absolutamente nada) y una de las que marcó historia. Vende muchísimo (vendía muchísimo: la aparición del ebook y de nuevas formas de lectura le ha creado ciertos problemas) y es casi un personaje del mercado editorial por si mismo.

¿Qué creía yo de las novelas de Harlequin? Sinceramente, en mi mente todas las novelas de Harlequin eran cutres, con historias malas y tópicas, con calidades no muy buenas de edición y con traducciones malas (y es que las traducciones malas no son un mal tan extraño en la literatura romántica). Si pensaba en novelas de Harlequin pensaba directamente en las típicas novelas que llevan millones de años esperando a que alguien las compre en la típica papelería – tienda de periódicos – regalos de colores desvaídos – libros no muy atractivos de las estaciones de tren.

Sus títulos suelen ser especialmente baratos (bien jugado en su estrategia editorial) y acabas tropezándote con alguno en las listas que Amazon hace de ebooks a la venta (suelen ser recurrentes en los ebooks promocionados a quince días), pero aún así nunca me sentí realmente tentada a hacerme con uno de ellos.

¿Cómo acabé por tanto leyendo un libro de Harlequin?

tiempo de secretosHace unas semanas o meses, leyendo listas (lo mejor para procrastinar) en internet de libros leí una sobre novelas protagonizadas por detectives victorianas y en esa lista (no la guardé y no recuerdo muy bien quién la había publicado) aparecía una serie de novelas escritas por Deanna Raybourn y  protagonizadas por Lady Julia Grey, una aristócrata británica de finales del siglo XIX que acaba convirtiéndose en detective por necesidad (su marido muere y puede que haya sido asesinado).

La lista recomendaba encarecidamente los libros y los pintaba de una forma muy atractiva, así que decidí buscarlos en Amazon. Hice scroll en su página de descripción y me encontré… con que eran novelas editadas por Harlequin. Ni pensarlo, me dije.  (La edición española en ebook estaba por debajo de los 4 euros, lo que la hacía de entrada un algo que puedes comprar para probar. Pero… ¿Harlequin? ¿En serio?)

Y entre eso y esto me encontré con unas cuantas menciones en redes sociales que indicaban que la serie de novelas había sido comprada por una productora británica para convertirla en serie de televisión (serie de televisión + de época + británica: altas posibilidades de que sea algo bueno). Empecé a dudar. ¿Debería darle una oportunidad?

Y acabé leyendo una novela de Harlequin

Me descargué el fragmento de prueba de Tiempo de secretos, el primer libro. No era tan malo. La portada ni siquiera era chunga, una de esas que hacen que te dé un poco de vergüenza que alguien vea lo que estás leyendo, y en realidad podría ser de cualquier libro de cualquier otra editorial. ¿Me habían estado cegando los prejuicios?

Tiempo de secretos empieza con un encuentro, el de Lady Julia Grey con Nicholas Brisbane, un detective privado peculiar (nadie sabe muy bien quién es, aunque todos tienen una teoría, desde que es un Bonaparte olvidado a que es el hijo ilegítimo de alguien importante), el día exacto en el que puede que hayan asesinado a su marido. “Decir que conocí a Nicholas Brisbane sobre el cadáver de mi marido no es estrictamente cierto. Edward, debería señalar, todavía estaba retorciéndose en el suelo”, comienza el libro (línea de apertura increíblemente prometedora cuando se tiene un best seller entre manos). Nadie sabe muy bien qué hace Brisbane ahí, ni de cómo conoció a Sir Edward Grey. Lady Julia pronto lo averiguará. Poco después del funeral Brisbane le hace una visita y le confiesa que el propio Sir Edward lo había contratado. Poco antes de morir había recibido unos cuantos anónimos que le amenazaban de muerte.

Y ahí Deanna Raybourn ya te ha capturado.

Debo confesar que en cuanto acabé el primer ebook me compré la continuación. Y ya me he comprado la tercera entrega, aunque intenté obligarme a no leer más por lo menos durante unas cuantas semanas.

¿En qué me había equivocado?

No puedo generalizar que la experiencia Raybourn sea aplicable a todos los libros de Harlequin (pero, ¡oh!, tampoco podía antes quemar en la misma hoguera a todos los libros de una editorial), pero el libro… ¡¡el libro está bien!! ¡¡El libro es bueno!! No nos engañemos. Los libros de Lady Julia no entrarían dentro del canon literario. No, no los reseñarían con entusiasmo en Babelia o en otra revista literaria seria, pero lo cierto es que, dentro de lo que son (literatura creada para el entretenimiento de sus lectores, algo muy loable y que merece igual respeto que aquellos libros que son creados para ser arte), son ejemplos muy buenos de algo que está bien hecho. Raybourn ha hecho los deberes y la historia está perfectamente documentada. La novela está ambientada en el siglo XIX y lo vemos. Lo que tenemos son las relaciones sociales de unos personajes victorianos y… todos sus secretos.

(Y, no – no deberías leer si no quieres un spoiler -, lo importante no es realmente la historia de amor, que en realidad es más un acompañamiento a la trama que otra cosa: no es una novela romántica, en realidad, sino más bien una de misterio: lo que importa es descubrir si sir Edward fue asesinado… lo demás es, como ocurre en las novelas de misterio contemporáneas, parte del contexto. Para que os hagáis una idea: nuestra pareja protagonista solo se da un beso en todo el libro).

Lo único que falla es la parte técnica: el ebook no tiene un índice (la edición es de 2009, cuando estaban empezando los ebooks, así que quizás por ello no está tan bien construido como podría), lo que impide saltar de capítulo en capítulo.