señorita tey

¿Qué es exactamente una perfecta novela british? Solo con decir esas tres palabras nuestra mente ya crea una imagen clara de lo que esperamos que nos ofrezcan. Sí, posiblemente veamos a gente vestida con tweed, algunos malvados lores (o no, pero lo que importa es que haya esa relación a lo Arriba y Abajo), caserones, solteronas y posiblemente algún asesinato. Eso es lo que esperamos cuando nos enfrentamos a un texto que viene acompañado por ese nombre y apellidos de perfecta novela británica.

Hoja de Lata acaba de publicar en España La señorita Pym dispone, una de las novelas publicadas por Josephine Tey (en realidad Elizabeth Mackintosh), escrita y publicada en los años 40. Y lo cierto es que La señorita Pym dispone es una perfecta novela británica. Tiene todo lo que esperas de una historia así.

La autora. Posiblemente sea lo primero que buscamos cuando nos enfrentamos a una de estas novelas. Tiene que tener a una autora singular y un tanto especial detrás de la historia. Tey no decepciona. Es una escritora de principios del siglo XX (must para las lecturas british que están llegando a las mesas de novedades en España en los últimos tiempos), empezó a escribir cuando en los años 20 se retiró a la casa familiar para cuidar a su padre enfermo (antes había sido profesora en colegios de señoritas, otra profesión tan esperable de una escritora británica) y llevó una vida apartada (lo que la hace misteriosa de entrada). A su muerte donó todo su legado al organismo que gestiona los monumentos escoceses.

El internado para señoritas. La historia que ocupa esta novela está centrada únicamente en un internado para señoritas. De hecho, los personajes casi ni salen del edificio (con cierto toque de edificio singular, por supuesto) y todas las dinámicas se establecen entre las estudiantes, las profesoras y la visitante (la protagonista). De vez en cuando irrumpen extraños, como un actor célebre o los padres de una alumna, pero el epicentro de la acción es la escuela.

señorita teyY la señorita. La protagonista es por supuesto una señorita, la señorita Pym del título. Lucy Pym es, todo nos lo deja ver, una solterona, que llevaba una vida aburrida como profesora de francés hasta que recibió una herencia, dejó de trabajar y escribió un libro de psicología. El libro ha sido un éxito fulgurante (los lectores de los años 40 estaban desesperados por leer ese tipo de obras) y Lucy Pym da ahora muchas conferencias y es una mujer de éxito.

Una de sus antiguas amigas de la etapa escolar, Henrietta, la invita a dar una charla en la escuela de señoritas que dirige, una institución de educación física. Lucy acepta, da su charla y se deja atrapar por las invitaciones de las estudiantes para quedarse el fin de semana y luego hasta los exámenes finales. Mientras en el capítulo dos Lucy piensa en el tren que no ha cogido, nosotros lectores ya sabemos (es una perfecta novela british) que se arrepentirá de ello (pero que nosotros no lo haremos).

El pueblecito singular. Por supuesto el colegio está en un pueblecito singular. Porque todos los edificios de las novelas británicas están en pueblecitos singulares. Como dice Teresa Desterro, una de las estudiantes (y que es brasileña y por tanto puede verlo todo desde fuera, “siempre hay yn pueblo cuando se trata de Inglaterra, es ese tipo de país”. El pueblo “tiene dos pubs” y “dispone de todo lo que un pueblecito de Inglaterra debe tener”. La reina Isabel durmió una vez allí, otro rey se ocultó en el pueblo y hubo alguna matanza. Y por supuesto tiene salón de té con “porcelana pintada a mano, mesas de madera oscura de roble, cortinas de lino con bordados, ramilletes herbales en sus pequeños jarrones”. Los detalles casi te hacen olvidar qué tipo de novela estás leyendo y mudarte allí.

Nada es lo que parece. Porque, por supuesto, y como era de esperar (los lectores nos adelantamos con emoción a la idea), nada de lo que estamos viendo es tal como parece y esa escuela de señoritas en ese pueblo tan encantador, encantador, oculta algo que Lucy Pym acabará descubriendo y que nosotros deseamos que ocurra.

Hay un misterio. Por supuesto, el epicentro de la novela es un misterio. Un misterio del que no se puede decir realmente nada porque Tey, que es una esas autoras que se encuadran dentro de la edad de oro de la novela de misterio británica, juega con cartas diferentes a las de los demás autores (y quizás eso hace que esta novela sea tan especial). Que nadie espere que aparezca un cadáver en una de las clases en la página 24, porque eso no va a pasar. Tey es diferente y jugará con el lector hasta la exacta página final. Lo fascinante es que estarás tan centrada en intentar descubrir cuándo ocurrirá el elemento que será el quid del misterio que la novela funcionará como un perfecto elemento de artillería y solo explotará hasta el momento que Tey quiere que lo haga (esto es: el final).