Vente a casaEn el primer relato de ‘Vente a casa’ conocemos a Miriam, una historiadora del arte (o eso querría ella) que trabaja en una tienda de ropa y a Toni, quien con 30 años sigue viviendo en casa de sus padres. En el segundo toma el relevo Nikki, quien cansada de su vida (y de su relación) decide cortar por lo sano e irse a probar suerte a Alemania. En el cuarto, una pareja de cuarentañeros trata de sobrellevar la falta de trabajo… ¿Continúo?

No es que la habilidad de Jordi Nopca se limite a hacer crónica social (el tercero lo protagoniza un escritor algo psicópata, hay incluso un par de cuentos de corte más bien surrealista), pero sin duda lo primero que llama la atención cuando uno comienza este libro es la sensación de inmediatez que desprende. Uno habita el mismo mundo que los personajes de ‘Vente a casa’, tiene las mismas preocupaciones, banales o profundas, respira el mismo aire. Y eso, sin duda, es parte del encanto de esta obra. A creíble no la gana nadie. Funciona además como novela generacional (los treintaypoco, no tanto por la edad de sus protagonistas como por la forma de describirlos) y local (muy barcelonesa, pero no entraré a calificar los pros y contras de eso).

‘Vente a casa’ ha cosechado críticas muy positivas (también fue premio Documenta 2014) y es fácil entender el porqué. La prosa de Nopca es irónica, ingeniosa y divertida,  quizá con un deje de cinismo, pero qué hay más contemporáneo que eso. La estructura de cada cuento funciona como un reloj.  Cada relato está impecablemente escrito. Y como consecuencia de todo esto, pasar las páginas no puede ser más fácil.

Podríamos echarle en cara que alguna historia se hace algo repetitiva, pero en realidad creo que es cuestión de distanciamiento. A medida que uno (en este caso yo) va avanzando en el libro, comienza a alejarse imperceptiblemente de lo narrado, que se va escorando, también imperceptiblemente, hacia la crueldad. ¿Será como los padres e hijos que los que se parecen son los que más discuten? ¿Será que da miedo verse reflejado en esos personajes entrañables, pero si uno va a al fondo de la cuestión, algo inquietantes ? Sospecho que simplemente echo en falta un poco más de ternura, algo más de optimismo en la descripción de las relaciones humanas. El descreimiento es la voz del autor, y preferiría las palpaciones a tientas de los personajes.

No quiere decir eso que no se disfrute la lectura, que en global, diría que es más que recomendable, especialmente en relatos como ‘No te vayas’ o ‘La pantera de Oklahoma’, muy frescos y juguetones.