iberia interior avion

Hasta hace prácticamente nada, el uso de dispositivos electrónicos – por muy en modo vuelo que estuviesen – estaba prohibido en el espacio aéreo europeo por las normas comunitarias de aviación durante el despegue y el aterrizaje. Esta norma suponía un auténtico tormento para los lectores (¿por qué siempre llegabas al punto culminante del libro cuando se encendían las señales de cinturones?) que además no lograban entender las razones por las que cinco minutos antes sí podían leer. La  la Agencia Europea de Seguridad Aérea lanzaba recientemente una recomendación para permitir el uso de dispositivos electrónicos en modo vuelo durante todas las fases del mismo, por lo que ya no iba a ser necesario apagar y dejar la lectura durante el despegue y el aterrizaje.

Las aerolíneas europeas han ido incorporando la recomendación en las últimas semanas. Iberia lo anunciaba recientemente, convirtiéndose en una de las primeras aerolíneas españolas que permitirán a sus consumidores leer en paz durante el vuelo. Pero ¿qué es lo que nos hemos perdido hasta ahora? Es decir, ¿cuántas horas y cuántas historias hemos dejado de leer durante estos años en los que no nos han dejado leer en nuestros ereaders durante el despegue y el aterrizaje?

Amazon (que para algo es quien vende uno de los ereaders más populares, el Kindle) acaba de lanzar unas cifras que nos permiten vislumbrar la, llamémosla así, magnitud de la tragedia. Solo durante 2013, las normas de aviación europeas y el tener que apagar nuestros dispositivos electrónicos de lectura durante el despegue y el aterrizaje nos han hecho perder a los españoles 62 millones de horas de lectura. Esas son las horas extra de lectura que Amazon calcula (basándose en los pasajeros que circulan por los aeropuertos españoles y los tiempos estimados de los procesos de aterrizaje y despegue) que hubiésemos tenido para leer.

Todas esas horas hubiesen permitido, por ejemplo, leer El Quijote 2,4 millones de veces (se basan en que un» lector normal puede leer a una velocidad de 250 palabras por minuto, según el Texas A&M Health Science Center» y en que la obra tiene alrededor de 380.000 palabras). Con la nueva normativa, aseguran, podremos leer hasta 4,4 millones de veces más un clásico como Crimen y castigo