pirateria

Hasta ahora, los esfuerzos para luchar contra la piratería de las industrias de los contenidos pasaban por campañas de concienciación (sin mucho éxito), lobby ante los gobiernos para conseguir compensaciones o leyes más restrictivas (con mucho más éxito) y cierta persecución de los usuarios finales que consumían esos contenidos. La industria del libro fue la última en llegar a la carrera de lo electrónico y, por tanto, tendría que haber aprendido de los errores de las demás industrias a la hora de enfrentarse al problema.

La visión que esta industria ha tenido ha sido, en algunos casos, un poco diferente. Springer ha señalado que la piratería no daña su negocio, aunque no es la única. Un estudio de la London School of Economics and Political Science concluyó no solo que las medidas antipiratería son bastante ineficaces sino que la piratería no está acabando con las industrias culturales sino que más bien está creando un terreno de juego diferente. “Ni las industrias culturales ni los gobiernos pueden parar el cambio cultural que es global y en muchos casos bienvenido, incluso por otros segmentos de la industria”, concluía el profesor Robin Mansell, uno de los autores del estudio.

Muchas editoriales, más que simplemente quejarse, están probando alternativas para convencer a los consumidores. Y otras asumieron desde un primer momento que los sistemas anticopia (el molesto DRM de tantos ebooks) no solo no impedía eliminarlo y piratearlo (solo hay que poner en Google ‘quitar DRM’) sino que además lastraba la experiencia de uso y optaron por publicar sin él.

Esto no quita, sin embargo, que la industria editorial esté preocupada por la piratería y que haga ciertos esfuerzos para acabar con ella o con el impacto que tiene en sus cuentas de negocio. La última editorial que ha presentado una innovación para acabar con la copia no autorizada de sus libros es HarperCollins, una de las grandes del mercado estadounidense, que es el gran nombre que estrena la tecnología de Digimarc, una startup especializada en herramientas antipiratería, que acaba de salir al mercado. Y en lugar de ir contra el lector que descarga el libro, se han centrado en el momento en el que ese libro sale de su circuito de distribución.

El producto se llama Digimarc Guardian Watermarking for Publishing y funciona, como explican sus fabricantes en una nota de prensa, como una marca de agua. Cada vez que el ebook protagoniza una transacción, la solución añade una marca de agua al mismo. No molesta al usuario, que ni la ve ni la padece, y según sus responsables es muy difícil de encontrar y localizar. Pero cuando la editorial encuentre uno de sus ebooks en alguna página no autorizada, simplemente tendrá que ir a ella para saber en qué momento exacto saltó a la red. La marca de agua funcionará en prácticamente todos los formatos de ebook existentes, incluyendo pdf, mobi (el compatible con el Kindle de Amazon) y ePub.

Saber en qué momento exacto se filtró el ebook, les permitirá curarse en salud. “Tenemos fugas en las últimas etapas de nuestra red de distribución, a través de elementos aislados en nuestros primeros lanzamientos a los vendedores”, le explican desde la editorial a TorrentFreak. “Intentamos identificar esas posibles fugas en el futuro, especialmente ahora que nuestra cadena de distribución llega a tantos partners en muchos mercados”.

La medida no irá además contra la persona exacta que ha filtrado ese libro, ya que como señalan desde la editorial al site de especializado en descargas las marcas de agua no incorporan información personal (aunque la nota de prensa del fabricante señala que podrían). Lo que quieren no es saber quién lo ha hecho sino en qué momento lo ha hecho para que no se pueda volver a repetir. 

Foto Pascal