ebook

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan el libro electrónico a la hora de comercializarse en Europa es el IVA. Frente a los libros de papel, que pueden recibir un IVA reducido, el ebook computa a efectos de impuestos como un bien electrónico y no como un bien cultural, por lo que tiene que ser gravado con el tramo más alto del impuesto sobre el valor añadido. Eso hace que los precios de los ebooks tengan, según la industria editorial, menos margen para ser rebajados. Y eso hace también que las librerías que venden ebooks juegen en terrenos de juego diferentes, ya que aquellas que tributan en lugares que han optado por saltarse la normativa europea (a pesar de que eso ha generado un culebrón judicial comunitario) pagan un IVA más bajo, lo que ha generado controversia y medidas adhoc.

La situación podría haber cambiado, o al menos podría haber recibido cierto respaldo legal para ser modificada. Una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea podría haber generado una primera base para estimar que el IVA de los ebooks no tiene que ser el mismo que el de los dispositivos electrónicos.

K Oy, una empresa finlandesa, llevó al tribunal europeo al gobierno de su país después de que aplicaran la normativa que apunta que los libros que no son distribuidos en papel no pueden llevar IVA superreducido. La compañía pidió primero un informe para determinar si los libros electrónicos pueden ser considerados libros sin más (la respuesta fue que aquellos que se sirven no en papel no pueden serlo) y luego pasó su reclamación al Tribunal Supremo de lo Contencioso-Administrativo.  Según K, y como se lee en el documento europeo, “es contrario al principio de neutralidad fiscal que un Estado miembro aplique un tipo reducido del IVA únicamente a libros editados en papel y excluya de dicho tipo a los libros almacenados en otros soportes físicos”. De ahí acabó llegando a Europa, ya que el organismo público finés no podía determinar quién tenía razón si no se iba a la norma europea.

Europa tenía que responder a varias preguntas sobre qué era un libro y, sobre todo, a una pregunta sobre el IVA en concreto. Como se lee en la sentencia, Finlandia le preguntó a Europa: “¿Se oponen [el artículo 98, apartado 2, párrafo primero, y el anexo III, número 6, de la Directiva IVA], considerando también el principio de neutralidad fiscal, a una normativa nacional con arreglo a la cual a los libros impresos se les aplica un tipo reducido del IVA, mientras que a los libros contenidos en otros soportes físicos, como CD, CD-ROM o memorias USB, se les aplica el tipo general [del IVA]?”.

La respuesta de la Curia europa (con todo ese lenguaje judicial tan complicado de leer) deja más o menos claro que lo de considerar o no un libro al ebook es cuestión de los países miembros. “A la luz de la jurisprudencia del Tribunal de Justicia citada en el apartado 23 de la presente sentencia, puesto que el anexo III, número 6 de la Directiva IVA se limita a mencionar el suministro de libros en cualquier soporte físico, corresponde a los Estados miembros determinar, a condición de respetar el principio de neutralidad fiscal inherente al sistema común del IVA, los soportes físicos a los que se aplica el tipo reducido del IVA”, señala. Así que cada país ¿podría entonces determinar que un ebook es un libro y por tanto tiene derecho a entrar dentro del IVA reducido? ¿Y cuándo deja de ser un elemento exótico y techie para ser de uso común con un libro?

El tribunal europeo recomienda usar el modelo irlandés, donde la penetración fue la que determinó si los soportes electrónicos eran ya de uso común. A los finlandeses, que son quienes pidieron su opinión, les señala que tendrá que ser por tanto el tribunal finlandés el que determine si un libro de papel y un ebook son o no lo mismo, aunque a renglón siguiente señala: “Esta respuesta no varía en función del tipo de soporte utilizado, del contenido del libro de que se trate o de las propiedades técnicas del soporte físico en cuestión, puesto que, entre otras, estas son las circunstancias que el tribunal remitente debe tener en cuenta al evaluar si los libros impresos y los editados en otros soportes físicos son productos que pueden ser considerados similares desde el punto de vista del consumidor medio”. Resumiendo – y nuevamente- será el éxito o no del formato el que determine si es un libro. Simplificando podríamos decir que si la gente lee en electrónico de forma generalizada, libro es. 

Pero lo más interesante de todo esto es que la recomendación de la Curia abre la mano a que cada país pueda determinar si es o no un libro un ebook y sobre todo qué iba debe aplicarse en base a ello. Y, como apuntan en GoodReader, eso puede ser el final no reducido por defecto y por obligación en los libros electrónico, lo que podría cambiar muchas cosas en el mercado.

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