Libros

Cada vez más autores se lanzan a la autoedición. Es una forma rápida y sencilla de llegar al lector final y de conseguir además controlar qué ganas y cuándo lo haces. Pero los libros autoeditados tienen que luchar contra una industria editorial que tiene armas poderosas. Tiene estrategias de marketing, tiene lectores y editores y tiene equipos de diseño que hacen portadas atractivas y llamativas para las obras. Algo que los autores autoeditados no siempre cuidan. Porque, en un mundo en el que la oferta es tanta, no hay que olvidar que se llama la atención por el título, quizás por el argumento pero, sobre todo, por la portada.

Y como explica en una entrevista Mark Coker, el CEO de Smashwords, una buena portada puede hacer que un libro autoeditado casi ni se diferencie de uno de una editorial. El truco está, por supuesto, en el trabajo. “Nuestros cerebros están acostumbrados a procesar imágenes más rápido que las palabras”.

Incluso la propia Amazon deja claro en la guía que cualquiera con interés en autopublicar en KDP que hay que cuidar la portada que se añada, no solo con unos requisitos mínimos técnicos sino también pidiendo, quizás, a un amigo que de su segunda opinión.

¿Qué debe tener una buena portada para diferenciarse del resto? “Simplicidad y un buen concepto”, nos explican por correo electrónico desde 99designs, una empresa especializada en poner en contacto a diseñadores freelance y quienes los pueden necesitar. “La mayoría de las portadas juegan con una imagen fotográfica, nosotros recomendamos jugar con la tipografía y el color. Una tipografía que añada valor emocional al título o simplemente un juego tipográfico sencillo que apoye el concepto del título,hará que tu libro destaque entre los demás”, apuntan. Y es que encontrar un concepto “potente” que se pueda expresar con “pocos recursos gráficos” llamarán la atención en cualquier librería online, señalan. Y siempre se puede echar un vistazo también a las tendencias que están de moda en diseño de portadas.

El buen diseño tiene un coste

Conseguir una portada con cierta calidad en diseño supone, pues, algo más que buscar una foto en Google Imágenes (fotos que, por cierto, suelen estar protegidas por derechos de autor) y hacer cuatro cambios con el Paint. En 99desings,según nos explica uno de sus portavoces, el precio mínimo del diseño de una portada puede estar en los 229 euros, aunque “a mayor precio, más y mejores resultados”.

Aunque autoeditar no tiene un coste por uso de la plataforma (al menos en la mayor parte de las plataformas) sí tiene un coste en servicios asociados cuando el autor autoeditado no tiene todos los talentos necesarios para hacer de editor, corrector, portadista y genio del marketing. Una experta ha hecho un presupuesto de lo que se puede uno esperar en gastos añadidos en autoedición y la portada, que es uno de ellos, oscila entre los 150 y los 1.000 dólares. A eso habría que sumar la edición (entre 2.000 y 18.000 dólares), las adaptaciones de formatos y toda la parte técnica (que va de gratis a 2.500 dólares) o el esfuerzo en marketing y relaciones públicas (de 100 a 5.000 dólares).

Pero tiene retorno

Pero una edición cuidada y una buena portada tiene, usando unas de esas siglas que tanto aman en el mundo empresarial, ROI. O lo que es lo mismo retorno de la inversión. No es difícil encontrar casos de éxito que demuestran que un cambio en portadas puede suponer un cambio también en ventas. Por ejemplo, JS Taylor, una escritora de novelas románticas: cambió el diseño e introdujo nuevos elementos (como el de ‘best seller’ en la portada). Sus ventas se multiplicaron por 4 en Estados Unidos y en Reino Unido, donde tenía ventas residuales, entró en las listas de los más vendidos.

En 99desings no disponen de datos que puedan facilitarnos sobre cómo las portadas cambian las ventas, pero sí pueden apuntar datos sobre el volumen de demandas de portadas de libros. ¿Ha crecido? “Absolutamente. Cada vez vienen más editores y escritores en busca de una portada para su próxima publicación”, explican, al tiempo que añaden que a sus diseñadores suele gustarles el reto porque les permite ser todo lo creativos que quieran.

Foto nSeika