bernard-shaw

En plena vuelta al cole, vamos a echar por la borda todos esos mensajes que los padres están repitiendo como un mantra a sus hijos adolescentes. A saber: «vas a aprender un montón este año», «para ser alguien en la vida tienes que acabar los estudios» o «¿crees que podrás llegar a ser un gran escritor sin aprobar tus exámenes de historia?»

De hecho sí, se puede llegar a ser un gran escritor sin necesidad de pasar 12 años en el colegio (aunque ahora que -por suerte- es obligatorio, casi mejor aprovechar todo ese tiempo). En todo caso, hay que decir que muchos de estos autores dejaron los estudios porque no tuvieron otro remedio y, además, fueron entusiastas autodidactas que nunca dejaron de formarse.

George Bernard Shaw

El autor irlandés no dejó el colegio por necesidad, sino porque creía que la educación formal valía para muy poco. Así escribiría: «Las escuelas, tal y como son ahora, no resultan populares sitios para la educación sino más bien prisiones donde mantienen a los niños para evitar que molesten a sus padres». Así las cosas, dejó el colegio a los 14 años, pero voraz lector, pasaba horas en la biblioteca leyendo sobre arte, historia y literatura y comenzando a escribir.

Charles Dickens

Durante su niñez disfrutó de una buena educación privada pero cuando tenía 12 años su padre fue a la cárcel por deudor y todo cambió. Dickens se vió obligado a ponerse a trabajar en una fábrica de betún donde pasaba 10 horas diarias por seis chelines semanales. Aunque su padre consiguió dinero para salir de la cárcel y él pudo volver a la escuela, sus experiencias en la fábrica tendrían una gran influencia en su obra.

William Faulkner

Aunque siempre estuvo interesado en la literatura, el colegio no le motivaba demasiado y lo dejó a los 15 años para ponerse a trabajar en el banco de su abuelo. Eso no le impidió entrar en la universidad donde trabaja su padre (como «estudiante especial») a los 22 años, pero lo dejó después de un par de semestres.

José Saramago

A los 12 años comenzó a estudiar para ser mecánico, pero en aquella época, en Portugal, los estudios técnicos incluían asignaturas de humanidades y fue ahí donde Saramago se encontró con los clásicos. Aunque era buen alumno, tuvo que dejarlo poco después porque sus padres no podían pagarle la escuela, así que se puso a trabajar como cerrajero.

Mark Twain

Mark Twain tuvo que dejar el colegio a los 12 años, cuando su padre murió, dejando a la familia sin recursos económicos. Como su hermano mayor trabajaba en una imprenta, ahí tomó su primer trabajo el escritor como aprendiz, a cambio de comida y ropa. Pocos años después su hermano compró una pequeña imprenta y creó un periódico en el que Mark Twain colaboraba con artículos.

H. G. Wells

Cuando el padre de H. G. Wells, un jugador de cricket profesional, se fracturó una pierna, el escritor tuvo que dejar la escuela y meterse como aprendiz en una mercería, un trabajo que odiaba y que le serviría de inspiración para algunas de sus novelas. Años más tarde se volvería a meter en una escuela, como alumno y tutor,y conseguiría una beca para estudiar biología en la universidad.

Charlotte y Emily Brönte

Las autoras, junto con sus hermanas, estuvieron internas en un colegio, pero las malas condiciones del lugar estaban afectando su salud y, de hecho, dos de sus hermanas murieron de tuberculosis. Después de eso ambas escritoras dejaron la escuela, cuando contaban con 9 y 7 años. Seis años después continuarían su educación en un internado belga.

Jack London

A los 10 años dejó la escuela, y comienza a trabajar 16 horas diarias en una fábrica de conservas. Con el dinero que consigue ahorrar, y con el que le dejasu madre, se compra tres años después una balandra y se dedica a la pesca furtiva de ostras. Hasta que se le estropea el barco y se enrola como marinero en una goleta. Con 15 años regresa a su ciudad natal y se mete en el instituto, donde colabora con muchos artículos para el periódico escolar.

Maxim Gorky

Se quedó huérfano de padre con solo cinco años y a los ocho su abuelo le obligó a dejar la escuela (un abuelo que, además, le pegaba hasta dejarlo inconsciente) para empezar a trabajar como aprendiz. Sería su abuela quien engendraría su amor por la literatura a través de los cuentos que le relataba antes de dormir. A los 12 años, escapa de casa de sus abuelos y casi se muere de hambre, recorriendo Rusia de trabajo en trabajo (fue lavaplatos, panadero, estibador y vigilante nocturno entre otras cosas).