En la recta final para el día de San Valentín, los contenidos sobre el amor y las estadísticas sobre parejas, relaciones y cómo aman los españoles se convirtieron en una de esas constantes en la bandeja de entrada del correo electrónico. Todas las empresas parecían tener un estudio perfecto para usarlo en una noticia durante el día y a las periodistas nos llegaban notas tras notas de prensa. 

Por ejemplo, aprendí que al 19% de los españoles les cuesta hablar de dinero con sus parejas y que una de cada cinco parejas discute por motivos económicos (lo señalaba un estudio de Intrum). También que a los españoles el mejor regalo para San Valentín les parece una cena romántica, que escogía un 37,45%, seguido por viajes y experiencias a vivir juntos o flores/bombones (y no, en el top cinco de los mejores regalos no aparecían los libros), como descubría una encuesta de Showroomprivé. El 50,57% de los españoles se fija, según los datos del mismo estudio, en la forma de hablar y de actuar del otro cuando se fija por primera vez en su futura pareja. Y un estudio de Wiko recordaba al hilo de San Valentín que, en las parejas de la Generación Z, 6 de cada 10 le había dado a su ‘media naranja’ la contraseña de su móvil y acceso así a toda la información. 

Son datos y más datos sobre el panorama amoroso actual. Si juntas todas esas notas de prensa y todos los datos que generan, casi se podría hacer un estudio sociológico sobre los nuevos tiempos. Aunque en el amor, como en todos los terrenos de la vida en las últimas décadas, el cambio posiblemente más notable ha estado en cómo ha impactado la tecnología. El uso de apps para ligar y servicios online para encontrar pareja es cada vez más habitual. Se ha convertido en la nueva normalidad. 

Ha arrancado la era del amor en los tiempos del algoritmo. Quien te une a tu supuesta alma gemela es un algoritmo de la red. 

Algoritmos y amor

Dejar en manos de los algoritmos las relaciones interpersonales no es exactamente algo nuevo. Es algo que hacemos ya en las redes sociales, que gestionan nuestras amistades dando prioridades a unos contenidos o a otros según considere que nos interesan más o menos. La gestión del amor por parte de algoritmos tiene, eso sí, una cara B de la que no se suele hablar o que no se suele analizar tanto, como aborda en El algoritmo del amor. Un viaje a las entrañas de Tinder, la periodista Judith Duportail (Contra). El libro es un ensayo de investigación periodística sobre lo que implica el algoritmo de Tinder y qué ocurre con toda esa información que se está generando en lo que, de entrada, parece la inocua búsqueda del amor. 

No lo es exactamente. El algoritmo busca perfiles que conecten con el que está haciendo la búsqueda, cierto, pero la app o el servicio también ayuda a recopilar datos y más datos (y datos muy valiosos y muy interesantes) sobre cómo son sus usuarios, perfilándolos como consumidores. Las apps de ligar se han convertido en un espacio atractivo para las marcas como oportunidad para posicionar anuncios, como señalaba cuando escribía hace unos meses sobre el libro de Duportail para PuroMarketing, pero también en una fuente de datos para conocer mejor a los consumidores y servir mensajes publicitarios más ajustados en el futuro. Duportail habla en su libro de un estudio de Facebook en el que la red social le explicaba a los anunciantes cómo consumían sus usuarios tras una ruptura amorosa. Era, de hecho, un buen momento para intentar que consumiesen cosas nuevas. Un 55% de los usuarios de la red social habían hecho un viaje largo tras una ruptura amorosa, recopila Duportail. 

Las apps para ligar no están haciendo, además, nada exactamente turbio: las condiciones de uso que se aceptan cuando se da de alta el servicio les dan “permiso” para hacerlo. Duportail, usando los derechos que otorgan las leyes europeas de protección de datos, pidió el histórico de información que Tinder guardaba sobre ella. Se quedó impresionada. Además de ser muchísimos datos, eran cosas que ni recordaba. 

Cuán deseable de verdad eres

Pero el elemento que motivó que Judith Duportail se lanzase a la investigación del amor en los tiempos del algoritmo y que intentase descubrir qué hay detrás del gran cambio que ha traído la nueva era tecnológica a la vida amorosa de los ciudadanos fue el descubrimiento de un ranking. Tinder da a cada usuario una “nota de deseabilidad”, el Elo score en inglés. 

Duportail descubrió que existía leyendo un artículo de un periodista que había logrado descubrir la suya por casualidad e intentó durante toda su investigación conocer la propia (sin éxito). La nota es una media que el algoritmo otorga a cada persona y que tiene en cuenta a la hora de determinar sus matches. 

Foto | Joanna Kosinska on Unsplash

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