Una imagen de Blanca de Gassó

La vida de Blanca de Gassó se ha convertido en una de esas notas literarias de crónica negra. Su trayectoria ha quedado oculta por su abrupto y dramático final: en abril de 1877, el padre de Blanca de Gassó armó su pistola a eso de las seis y media de la mañana, fue a la habitación de su hija con la que discutió sobre sus planes matrimoniales y descargó un disparó, hiriéndola en la cabeza. Después, el padre de Gassó giró la pistola y se disparó a sí mismo, quedando gravemente herido pero con la suficiente consciencia como para saber que no se había muerto. Volvió a dispararse, falleciendo esta vez sí en el acto. Al auxilio de Blanca de Gassó acudió uno de los trabajadores de la casa, que dio la voz de alarma.

A pesar de que un grupo de médicos trabajó para intentar salvarla (incluido uno militar con experiencia en ese tipo de heridas adquirida en los campos de batalla), poco se pudo hacer por ella. Era la era previa a los rayos X, por lo que no se sabía dónde estaban alojados los restos de bala que no se pudieron retirar, y también la anterior a los antibióticos. Gassó falleció al cabo de unos días por culpa de la infección que habían generado los restos de bala.  

El fin dramático de la vida de Blanca de Gassó es lo que acabó haciendo que me tropezase con ella en un recopilatorio de artículos de los años 20 y 30. En una de las crónicas de sucesos que en los años 30 recogieron la historia de la muerte de Hildegart, la escritora precoz que fue asesinada por su madre, alguien mencionaba a “Blanquita Gassó”, escritora romántica asesinada también por uno de sus progenitores. Las crónicas de los diarios de abril de 1877 recogen menciones a la dramática historia, recordando que Gassó era una “conocida escritora y poetisa de verdadero sentimiento” con fama en el mundillo literario (fama de la que sí, ahora no queda nada).

La vida de Blanca de Gassó y su obra literaria está muy intricada con la vida en la España isabelina y del Sexenio Revolucionario y con el universo de la poesía romántica y de lo quizás podríamos llamar un protofeminismo. Su biografía ha sido desentrañada por Javier Urbina en un breve texto, Blanca de Gassó: vida, poesía y muerte, publicado por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y al que se puede acceder directamente online. Urbina ha recopilado como colofón a ese texto biográfico la obra poética de la autora.

Los orígenes de Blanca de Gassó tienen un cierto grado de misterio. Se desconoce quiénes fueron sus padres biológicos, aunque Urbina teoriza que posiblemente lo fue una actriz que vivía en Madrid en esa época. «Su nacimiento ha sido un misterio para propios y extraños. Su muerte ha sido otro misterio», escribía, como recuerda ahora su biógrafo, uno de los periodistas que en 1877 le dedicó obituarios. Gracias a los datos del padrón, Urbina ha podido establecer que Blanca de Gassó nació como Adela López en noviembre de 1846. Posiblemente fue criada por un ama de cría fuera de Madrid, hasta que siendo todavía muy pequeña se fue a vivir con Máxima Ortiz, que figura como su tía.

Ortiz era la dueña de su propio negocio, un bazar llamado El Bazar del Globo y que ocupaba la tienda de un edificio en Caballero de Gracia, en Madrid, donde vivía en el entresuelo. Ortiz mantenía ya entonces una relación con Antonio Jacinto de Gassó, residente en Barcelona pero que aparece en los padrones de vez en cuando en el mismo domicilio. Máxima Ortiz y Antonio Jacinto de Gassó se acabarán casando hacia finales de los años 50 y la niña Adela se convertirá en su hija adoptiva. En 1863 su nombre se convierte ya de forma definitiva en los papeles del padrón en el de Blanca Adela.

Blanca de Gassó no venía por tanto de un entorno social de clase alta, aunque sí lo suficientemente acomodado como para que ella pudiese tener una cierta formación y un estilo de vida burgués, que la llevó a acabar cruzándose con los círculos literarios pero también con los de la alta sociedad. Gassó fue recibida en la corte en la recta final del reinado de Isabel II (y dedicaría a sus hijos uno de sus libros) y lo sería después, antes de morir, en la de Alfonso XII. Blanca de Gassó será simpatizante con la corona, aunque su padre es, por el contrario, republicano.

La carrera de Gassó empezó con la poesía, escribiendo textos para niños, poesía religiosa y poesía romántica. De ahí pasaría también a los textos en prosa (aunque Urbina no los ha incluido en su recopilación textual) en revistas femeninas de la época. La propia Gassó editaría durante varios años (justo en los previos a su muerte) su propio Almanaque. Los almanaques eran entonces muy populares e incluían previsiones para el año, calendarios, recomendaciones y textos literarios de diferentes autores. Gassó fue también una de las escritoras que entonces defendía la educación de la mujer, aunque lo hacía (como era lo habitual en general en esa época) apelando a que las mujeres debían ser educadas porque, como madres, serían quienes educarían a sus hijos luego.

Entre los 20 años, cuando arrancó su carrera, y los 30 de su muerte, Gassó se convirtió en una figura visible del panorama literario del Madrid de la época.

Esquela en prensa de Blanca de Gassó

La historia final de su muerte – y lo que se usó para explicar por qué su padre había hecho algo así – tiene visos de tragedia romántica. Máxima Ortiz falleció poco antes de lo que lo hiciese su hija, convirtiéndola en su única heredera aunque era su padre quien gestionaba ese patrimonio, a menos que Blanca de Gassó se casase. Y eso era lo que Gassó iba a hacer: tenía un prometido, Daniel Suárez Artazu, con el que se abre otra línea novelesca en esta historia. Si Blanca había conocido a Daniel es, posiblemente, gracias a los intereses de su padre. Antonio Jacinto de Gassó había formado parte de los círculos espiritistas del Madrid de la década (hasta que los círculos espiritistas rompieron con él).

El espiritismo era entonces muy popular, una tendencia de moda que también estaba viviendo su gran momento en la España de la época. Madrid era en aquellos años su punto álgido, una vez que había llegado a la ciudad un político moviendo con él todo su círculo de espiritistas desde Zaragoza. En ese círculo estaba Daniel Suárez, en la vida común un simple funcionario y en la espiritista un médium renombrado que había servido de canal a los espíritus para escribir dos novelas. Muy poco es lo que se sabe de Daniel Suárez, que aparece en esta historia como médium importante y que desaparece con la muerte de Blanca de Gassó.

Antonio Jacinto de Gassó no quería que su hija se casase. ¿Era una cuestión de dinero? ¿Era despecho porque los círculos del espiritismo habían roto con él? De la oposición formal al matrimonio, el padre pasó a la violencia de género. Antes de matar a su hija, había incluso intentado desfigurarla rompiéndole (no lo logró) la comisura de los labios. No lo logró, porque Blanca de Gassó logró defenderse (Blanca de Gassó era muy hermosa, al menos eso apuntaban sus contemporáneos, y el padre quería eliminar su belleza de la ecuación matrimonial).

En el hospital, Blanca de Gassó recuperó la lucidez tras recibir los primeros auxilios y estuvo prácticamente lúcida hasta el final. Hizo testamento, convirtiendo a Daniel Suárez en su único heredero, y se casó en la cama del hospital antes de fallecer. Su esquela, de hecho, está firmada por su viudo.

Imágenes | Fotografía, detalle de la portada de la biografía | Grabado en prensa de Blanca de Gassó | Esquela en prensa