carmen_marti769n_gaiteCelebrar los cumpleaños es un acontecimiento habitual que gusta a niños y adultos por igual pero recordar el nacimiento de un escritor cuando ya está muerto resulta poco menos que frustrante. Parece ser un síntoma de que hemos llegado tarde y que nos intimida hablar de su muerte, pero se hace. Lo mismo que homenajear a quien no está o entregar un premio de forma póstuma es algo que no se debería permitir pero tampoco pasa nada porque es sin mala intención y no para acallar conciencias, ¿verdad?

Así pues, siguiendo en la línea de festejar sin contar con la presencia del verdadero protagonista del aniversario nos disponemos a hablar de Carmen Martín Gaite nacida un 8 de diciembre, como hoy, en Salamanca y sobre todo de uno de sus libros más significativos: Caperucita en Manhattan que fue el libro más vendido el año en que se publicó.

No sabemos si la escritora salmantina se encontraba en Manhattan cuando concibió el libro de Caperucita en Manhattan, pero lo que sí podemos afirmar sin miedo a equivocarnos es que sí que paseó con Caperucita, es cierto. Así lo afirma la autora en la dedicatoria del libro:

Para Juan Carlos Eguillor, por la respiración boca a boca que nos insufló a Caperucita y a mí, perdidas en Manhattan a finales de aquel verano horrible.

Carmen trabajó en esta ciudad neoyorquina y este fue el escenario escogido para un libro donde una mujer peculiar se dispone a acompañar a una niña valiente que sabe qué quiere pero desconoce cómo llegar y por dónde. El papel de la mujer es recordarle a la niña su capacidad para ser lo que ella desee y el desenlace del libro apunta a un final feliz. Carmen llamó a la niña Sara pero las coincidencias con el cuento (la madre, la visita de la abuela, la tarta, el lobo) hacen pensar en Caperucita, aunque en la realidad la niña tenía otro nombre, Marta, y se trataba de su propia hija que murió antes de cumplir los treinta años de edad.

Por otra parte, si tuviésemos que hablar de las características más destacadas de Carmen M. Gaite que dotan a sus obras de genialidad elegiríamos dos. En primer lugar, la capacidad de combinar la realidad asfixiante de un mundo de hombres donde la mujer se mostraba sumisa y triste con la fantasía liberadora. La magia, la ilusión que dan los sueños los heredó de su abuela, que procedía de Galicia y que le sirvieron para alentar a los personajes femeninos y para dar placer a los lectores. El segundo aspecto se trata nada menos que de la ventana. Carmen solía penetrar en el alma de sus protagonistas y desde allí narrar el desencanto que les producía su vida a través de una ventana que les permitía escapar unos instantes y soñar con algo mejor. La metáfora de la ventana aparece en libros como El balneario, Entre visillos y Fragmentos de interior.

Cuando Carmen escribió Caperucita en Manhattan por primera vez aleja a la protagonista femenina, en este caso una niña, de la perspectiva de la ventana y también la invita a romper con todo para encontrar su libertad. Es algo que todos deberíamos hacer y así queda dicho. Gracias, Carmen.

Foto Siruela

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