Anton ChejovHay muchas cosas de Antón Chéjov que se han convertido en básicos de la literatura. Como, por ejemplo, que si al principio de un relato aparece una pistola, esa pistola tenía que ser disparada. Hay que sacar lo superfluo, nos decía el escritor. El propio Chéjov es un básico de la literatura, el padre del relato moderno y uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Y, sin embargo, para Chéjov escribir era algo que le permitía pagar las facturas así que, cuando se sentaba a escribir sus relatos, intentaba maximizar el tiempo. No se iba por las ramas. Escribía rápido. Escribía sobre cualquier cosa. Incluso, si era necesario, sobre un cenicero.

Para Chéjov escribir era algo simple, es decir, que no le costaba mucho trabajo. Y así lo dejó claro en una conversación con su contemporáneo, el escritor ruso Korolenko (y que hemos descubierto gracias a la introducción de los Cuentos del escritor que ha publicado Alba). Chéjov aseguró que escribir era tan fácil para él que podría hacerlo sobre cualquier cosa o tema para el día siguiente, por muy anodino que fuese el elemento escogido. Y puso de ejemplo a un cenicero que estaba sobre la mesa.

Si tenemos en cuenta que a los 26 años, Chéjov ya había publicado 400 historias cortas  podemos confirmar que la escritura fluía para él de forma sencilla. (Y por cierto que mientras escribía era estudiante de Medicina, que no es lo que se dice una carrera que deje mucho tiempo libre). Con sus relatos consiguió mejorar las condiciones de vida de su familia (que había  empeorado tras la bancarrota del negocio familiar) y el propio Chéjov no los consideraba gran cosa. «No amo el dinero lo suficiente para la medicina y no tengo la suficiente pasión, esto es, talento para la literatura», decía.